¿Por qué tantos sacerdotes critican o se oponen al Papa?

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Lamentablemente los sacerdotes que se oponen y critican al Papa son muchos, aunque no tantos como algunos exageradamente piensan. Son herederos de una mala formación teológica y de un flojo 'sentir con la Iglesia'.

No entienden, en el fondo, que 'allí donde está Pedro, allí está la Iglesia' (San Ambrosio) y 'Pedro habla por la boca de León' (aclamación de los Padres conciliares de Calcedonia, en el 451, al concluirse la lectura de la carta de San León Magno, Papa). El Sucesor de Pedro 'es principio y fundamento perpetuo y visible' (Lumen gentium, 23) de la unidad de la Iglesia universal y de la unidad del Episcopado. De ahí que el ministerio petrino no es un servicio que alcanza a las Iglesias particulares 'desde afuera', sino 'perteneciente ya a la esencia de cada Iglesia particular desde dentro' (Juan Pablo II). El ministerio del Primado comporta una potestad episcopal, o sea, como Obispo universal y de la diócesis de Roma, no es una mera dignidad, de tal modo, que todo lo que un Obispo puede hacer en sus parroquias lo puede hacer el Papa en todas y cada una de las Iglesias particulares del mundo; es potestad suprema, ningún otro posee igual o mayor poder; es potestad plena, no sólo la parte principal; es inmediata, puede ejercerla sobre los Obispos y fieles; es universal, sobre todos sin excluir ninguno; es ordinaria, derivada directamente de Jesucristo; y 'puede ejercerla siempre y libremente' (Lumen gentium, 22).

La tarea primordial del Romano Pontífice para toda la Iglesia es la promoción de la unidad, que no repugna de la promoción de la diversificación propia de la comunión.

Todo cristiano debería hacer suya la enseñanza de San Ignacio de Loyola: 'Debemos siempre tener para en todo acertar, que lo blanco que yo veo, creer que es negro, si la Iglesia Jerárquica así lo determina' (Ejercicios Espirituales, 365). Por tanto, seguros de que esa es la voluntad de Jesucristo, digamos como Don Orione: 'permanezcamos sordos cuando alguien nos hable prescindiendo del Papa, o no explícitamente en favor del Papa y de la sana y exacta doctrina de la Iglesia: los tales no son plantación del Padre Celestial, sino malignos retoños de herejías que producen fruto mortífero'. Recordemos siempre que, como dice también Don Orione, 'al Papa se le debe amar en cruz; y quien no lo ama en cruz, no lo ama de veras. Estar en todo con el Papa quiere decir estar en todo con Dios; amar a Jesucristo y amar al Papa es el mismo amor', ya que '... amar al Papa, amar a la Iglesia, es amar a Jesucristo' (Don Orione).

Recemos, pues, para que el Papa sea realmente amado por todos los fieles, sacerdotes y laicos.