Problemas de juventud

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Martha,
de 15 años, se queja de que sus papás la tratan como si tuviera 12.
Jaime, de 17, está otra vez castigado por llegar más tarde de la hora
acordada y con aliento alcohólico. Martha y Jaime creen que no los
dejan vivir su juventud. Se sienten encadenados e incomprendidos por
sus padres.

En su desesperación, los jóvenes buscan ayuda y se dirigen a su tía Norma.

- Tía, habla con mis papás, se nos están pasando los mejores años y ni nos dan chance de divertirnos -suplica Martha.

- Pero, ¿cómo?, cualquiera diría que los tienen enjaulados.

- No es eso, lo que pasa es que no nos dejan llegar tarde, ni hacer
muchas de las cosas que hacen nuestros amigos, y cuando pedimos permiso
nos hacen un interrogatorio completo.

- ¡Esa historia yo la conozco!, la viví en carne propia, a mí me pasó lo mismo -comenta la tía Norma.

"Sus abuelos, ahí donde los ven muy buena onda, también fueron muy
estrictos en cuestión de permisos. A los 16 años, yo también pasé por
un período de rebeldía en contra de mis papás.

"Llegué a pensar que no me daban ciertos permisos sólo por no
molestarse en llevarme o traerme. Que exageraban al preocuparse por lo
que haría o si me pasaba algo. Yo no entendía, creía que lo hacían por
egoístas o amargados."

- Tía, ¿y no hacías cosas a escondidas? -pregunta Jaime.

- ¿Ustedes las hacen? -le devuelve la pregunta Norma.

Después de un breve silencio, Jaime contesta:

- Pues sí, pero con cosas sin importancia, como tomarme unas
“chelas” de vez en cuando, o cuando voy a esa disco a la que no me dan
permiso y les digo que voy a una reunión.

- Yo también, -dice Martha-, son cosas tan tontas que si pidiera
permiso y me las negaran me daría mucho coraje, y mejor digo una
mentirita blanca, ¡y ya!

- Creo que ninguno de los dos nos atreveríamos a más... la verdad,
mis papás tratan de protegernos. Al menos yo no quisiera defraudarlos,
ni causarles alguna tristeza... Lo que pasa es que... como que no
agarran la onda -asegura Jaime.

- Se me hace que el problema que tienen ustedes es de comunicación
y actitudes. Por un lado, el sentirse incomprendidos y sobreprotegidos
ha enfriado las relaciones entre ustedes y sus padres, de esta manera
sus actitudes como las de ellos pueden estar manejadas de tal forma que
no logran ser asertivos.

- ¿Asertivo? ¿Qué es eso?

- Una persona asertiva se caracteriza por su actitud de escucha, es
firme sin ser agresivo, no deja que las cosas se acumulen hasta
explotar.

"Tiene la capacidad de negociar cuando está en conflicto con alguien.

Es consciente de que todos tenemos derechos y, de esta manera,
considera lo suyo tan importante como lo de los demás. Por lo tanto, su
forma de comunicación provoca acercamiento.

"Por el contrario -explica la tía-, una actitud de agresividad,
viola los derechos de los demás y no respeta sus necesidades, se
impone, no escucha , grita, se expresa exageradamente. Cree que es
efectivo agredir para controlar. Como consecuencia se da el
distanciamiento, malestar, sensación de impotencia y angustia.

"También existe el otro lado de la moneda cuando alguien es no asertivo, o ’dejado’ y permite que se violen sus derechos y que no se respeten sus necesidades personales.

"Un ejemplo sería cuando uno no se valora, aguanta hasta explotar;
cree que ejercer sus derechos o satisfacer sus necesidades es ser
egoísta, no ve a los ojos al hablar, tiene la voz débil, generalmente
se pone en segundo lugar, busca disculpas y siente que su opinión no
vale, ya que tiene miedo a no gustarles a los demás.

"Por consecuencia, esta actitud no busca solucionar problemas, sino
que causa frustración, depresión y provoca un gran vacío interior. Es
fácil caer en alguna de estas actitudes, lo importante es darse cuenta
y cambiar lo necesario para lograr una mejor comunicación."

- Tía, me has puesto ha pensar -dice Jaime-, tengo el mismo
carácter fuerte de mi papá y muy seguido me domina la agresividad, y yo
sólo me cierro la puerta al entendimiento con él.

- A mí me pasa que prefiero ser víctima a tener que discutir, y en realidad la única que pierde soy yo -afirma Martha.

- Hablen directamente con sus papás, ellos probablemente
descubrirán también sus errores y así surgirá una relación más
agradable.

"A mí en lo personal me llevó más tiempo descubrir que todo lo que
hacían mis padres era porque buscaban mi bien aunque se les pasara la
mano.

"Tuve que crecer y madurar para ver con claridad que si mis padres
tuvieron algunos errores es porque son tan humanos como yo. Ahora que
estoy a punto de formar mi propia familia me he propuesto imitar todo
lo bueno que me dieron y prepararme para superar las posibles fallas
que por un tiempo nos distanciaron.

"Piensen muchachos, ¿cuál sería el verdadero motor por el cual
actúan así sus padres? Si falta entendimiento abran ustedes mismos la
puerta a una comunicación franca y abierta. Los problemas o
malentendidos podrán encontrar solución."