El “qué dirán”

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 Andar buscando la aprobación de los demás puede ser dañino para nosotros pues tendemos a sobrevalorar lo que otros hacen y a menospreciar lo que nosotros hacemos. “¿Qué van a decir de mí?”, es una pregunta que a menudo nos hacemos. Es una pregunta que se plantea con frecuencia en nuestras relaciones sociales, laborales y familiares.

En un aula de clases, muchos alumnos prefieren mantenerse en silencio ante las dudas, a levantar la mano y preguntarle al profesor, para no quedar mal.

La preocupación por el “qué dirán” refleja una necesidad de ser aceptados, pero no ha de ser una obsesión porque entonces no vivimos nuestra vida, sino que fingimos lo que no somos. Al buscar la aprobación de los demás, curiosamente, logramos muchas veces lo contrario, que nos desprecien, porque no somos auténticos. Si tratamos de ser como los demás despertamos desconfianza.

Hay personas que interrumpen las conversaciones de los demás para tratar de integrarse, y se hacen odiosos e irrespetuosos al tratar de opinar de todo, y por no saber escuchar. El caso es que nunca seremos lo que los otros son.
Querer ser otro es querer dejar de ser, dice un poeta. Cada persona es única e irrepetible. Siempre habrá quien tenga más simpatía, más dinero, más belleza e inteligencia, ¿y qué? Lo importante es aceptarnos, ser felices, estar conformes con lo que tenemos y somos.

Lo que produce envidia no es la diferencia, es la similitud, decía David Hume. Un soldado no tiene envidia del general pero sí del sargento. Todos los hombres estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde, dice un refrán popular.

En la sociedad puede adquirirse todo menos el carácter. Según el Doctor Carlos Llano —filósofo del siglo XXI—, dos rasgos son los que condicionan la posibilidad de tener un carácter sólido: la humildad y la castidad. Si se marginan estas cualidades, la persona será mediocre, insignificante. Y esto es así porque la humildad y la pureza son las bases –espiritual la una y corporal la otra- del carácter.

“No somos monedita de oro”, sino personas con más virtudes que defectos. Si nos hacen una crítica hay que agradecerla y corregirnos. “Lo que no te mata te hace más grande”. También puede suceder que la crítica hacia nosotros no siempre tiene que ver con nosotros, muy probablemente refleja una inseguridad del otro.

Benedicto XVI escribió: “La incapacidad de reconocer la culpa es la forma más peligrosa imaginable de embotamiento espiritual, porque hace a las personas incapaces de mejorar”. Y continúa:”Se dice que el cristianismo ha lastrado al ser humano con sentimientos de culpa con la intención de mantenerlo bajo presión. Lógicamente, también esos abusos son posibles. Pero peor es la extinción de la capacidad de percibir la culpa porque la persona se ha endurecido y ha enfermado por dentro” (Dios y el mundo, p. 399).