¿Qué hacer con la memoria?

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El misterio del pato muerto
1) Para saber
La memoria es una gran facultad que nos ayuda a saber conducirnos por la vida. Sin embargo, no siempre podemos manejar nuestra memoria a nuestro antojo. A veces queremos recordar algo y no nos viene a la memoria o, por el contrario, quisiéramos eliminar recuerdos desagradables y no podemos lo cual nos hace sufrir. ¿Qué hacer? El siguiente relato nos puede ayudar.

2) Para pensar
Sucedió que durante unas vacaciones, varios primos fueron a visitar a sus abuelos a su granja. A Eduardo, uno de los primos, le habían regalado una resortera. Salió afuera para estrenarla, en el campo, pero por más que intentaba nunca podía atinarle a su objetivo. Ya un poco cansado y desanimado regresó a la casa para la cena ante la llamada de su abuela.
Mientras volvía vio delante de sí a un pato blanco. Era el más querido por su abuela. Y por un impulso, le apuntó, y le dejó ir una piedra. Justo le pegó al pato en la cabeza y lo mató.
Eduardo se quedó consternado. Nunca pensó que le daría y menos que lo mataría. En un momento de pánico, escondió el pato muerto entre una pila de madera, y al ver si alguien lo miraba vio que su prima lo estaba observando. Dany lo había visto todo, pero no dijo nada.
Después del almuerzo del siguiente día, la abuela dijo, "Dany vamos a lavar los platos". Pero Dany dijo "Abuelita, Eduardo me dijo que él quería ayudarte en la cocina”. Luego le susurró a él “¿Recuerdas el Pato?" Así que Eduardo lavó los platos.
Más tarde, el Abuelo les preguntó a los niños si querían ir a pescar, y la Abuela dijo, "Lo siento pero necesito que Dany me ayude hacer las compras".
Dany solo sonrió y dijo "Bueno, no hay problema porque Eduardo me dijo que quería quedarse para ayudar”. Ella susurró nuevamente “¿Recuerdas el Pato?" Así que, Dany se fue a pescar y Eduardo se quedó ayudando.
Después de varios días en los cuales Eduardo hacia tanto sus tareas como las de Dany, él finalmente no pudo soportarlo más. Se presentó ante su Abuela y le confesó lo que había pasado: que había matado el pato. La Abuela le dio un abrazo y le dijo: "Corazón, Yo lo sabía, ¿sabes? Cuando lo hiciste yo tras la ventana y vi todo lo que pasó. Sabes que te amo, y siempre he estado dispuesta a perdonarte. Solo me preguntaba cuanto tiempo más permitirías que Dany te hiciera su esclavo. Todo dependía de ti".

3) Para vivir
Es difícil dejar de pensar totalmente en algunos recuerdos, pero lo que sí podemos controlar es nuestra respuesta ante ellos. De nosotros sí depende la reacción que tomemos.
Muchas de las tentaciones comienzan con pensamientos o recuerdos no provocados por uno mismo. En tanto que no son queridos, no puede haber pecado grave. Mientras no se acepten, no hay por qué perder la paz. Si son faltas pasadas y el “peso del pato” nos atormenta, hay dos posibilidades: Si no han sido perdonadas esas faltas en el Sacramento de la Confesión, habría que acudir a él. La segunda posibilidad es que ya fueron perdonadas y entonces podemos convertir esos recuerdos en actos de contrición y también en actos de acción de gracias pues ya fueron perdonadas.
Jesús está parado tras la ventana y ve toda nuestra vida. Él siempre está dispuesto a perdonarnos, solo se pregunta cuanto tiempo permitiremos ser esclavos. Acudamos a Jesús con confianza que Él nos liberará de todo mal.