¿Qué hay de cierto de que el Anticristo será un hombre que hará grandes prodigios, que será reconocido como el mesías por los judíos y que encabezará un gobierno mundial?

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Respuesta: Algo, mucho, nada y posiblemente.

La existencia del llamado «Anticristo» aparece esbozada en varias partes de las Sagradas Escrituras. San Pablo nos habla de un «hombre impío», «hijo de la perdición» (2Tes 2, 3-4). Jesús en los Evangelios habla de «falsos cristos y falsos profetas» que usurparán su Nombre (Mt 24; Mc 13). San Juan, por su parte, en sus cartas habla de muchos anticristos que ya están entre nosotros (1Jn 2, 18.22; 4, 1-3; 2Jn. 7). Las señales que le atribuyen son: el oponerse a la verdadera doctrina; enseñanzas que vienen de los demonios; mucho poder y señales y milagros «que engañarán, si fuera posible, aun a los escogidos»; todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar; y ponerse por encima de todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto hasta el extremo de sentarse él mismo en el santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios.

El sentir popular a lo largo de la historia, con alguna ligereza, ha adjudicado este título a varios protagonistas de funesta influencia a nivel mundial, como Nerón, Atila, Napoleón, Hitler, Marx, Stalin, Mao Tse Tung, Osama Bin Laden y Bush... y también se podría querer asignar, más acertadamente, a grupos o movimientos como el comunismo, el gnosticismo, la ilustración o la masonería y, más recientemente, la New Age, o a los grandes consorcios comerciales o gobiernos que ciertamente tienen poderes inmensos y que atentan contra la fe cristiana y encaminan a la humanidad a la perdición.

Estos textos, por otra parte, están escritos en estilo profético, y ninguna profecía puede ser tomada literalmente para identificar o definir características o el momento exacto de la aparición de este personaje.

La palabra final, como siempre, la tiene la cátedra de la Iglesia, que, en los números 675-676 del Catecismo de la Iglesia Católica, habla de un «Misterio de iniquidad» bajo la forma de una impostura religiosa que ofrecerá a los hombres una solución aparente a sus problemas a cambio de apostatar de la verdad: un mesianismo secularizado que pretende alcanzar el bienestar total para todos prescindiendo de Dios y de su Iglesia.

Así pues, podemos hablar con certeza del advenimiento de un anticristo muy poderoso y enemigo de Dios que aparecerá antes de la segunda venida de Jesús. No podemos asegurar, aunque la lógica quiera evidenciarlo, que se trata de una persona, un grupo, un gobierno o un espíritu, y no hay ningún indicio doctrinal de que los judíos lo vayan a reconocer como mesías; antes bien, sí sabemos que, en el momento final, los judíos se van a convertir a Cristo.