¿Quedan santos todavía?

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El santoral pertenece a nuestra cultura. Ya sea por devoción, ya sea por costumbre, nos referimos a los santos y les pedimos milagros. Pero quizá pocos son los que saben quiénes son y qué hacen los santos.

Los santos de la Iglesia Católica no son dioses ni seres mitológicos. Son seres humanos que recibieron el bautismo, y fueron ejemplares en el seguimiento espiritual de Jesús, de modo que lograron que sus propias vidas se configuraran con la vida y las enseñanzas de Jesucristo, porque la santidad consiste en parecerse espiritualmente a Cristo.

Tan humanos como los demás, los santos lograron reflejar lo sobrenatural en su vida, pues cultivaron un perfil ético muy específico: vivieron del amor a Dios y al prójimo, tuvieron comprensión con todos, se preocuparon de las necesidades de los demás, y fueron austeros, limpios de corazón y, sobre todo, transmitieron alegría y paz a su alrededor.

Hoy me referiré a uno de ellos, cuya fiesta a penas celebramos ayer (26 de junio). Se trata de San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), el Fundador del Opus Dei, canonizado por Juan Pablo II (6.X.2002). Este hombre de Dios ha sido “maestro de santos”.

El 2 de octubre de 1928, Josemaría Escrivá recibió una iluminación intelectual, mediante la cual “vio” que Dios le pedía ayudar a todo hombre y mujer a encontrar a Dios en la vida ordinaria. Así, este Fundador vino a “popularizar” la búsqueda de la santidad, trajo al ciudadano de a pie la posibilidad de vivir a fondo la santidad, a través de las actividades de la vida cotidiana. 

Así lo predicó con claridad y realismo: “Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día”.

Primero, él vivió con gran alegría su vocación cristina, como “un enamorado de Dios”. Y, luego, mediante el influjo de su ejemplo y enseñanzas, un buen número de personas han podido configurar su existencia diaria con Cristo, y han fallecido con fama de santidad.

Entre los hijos espirituales del Fundador del Opus Dei, que están actualmente en proceso de canonización, ocupa un lugar especial su sucesor, Mons. Álvaro del Portillo (fallecido en 1994), que tuvo un papel importante en el Concilio Vaticano II.

Siguiendo el mensaje del Opus Dei se han santificado en las circunstancias más normales de la vida, como la familia. Así lo hizo el matrimonio de Tomás Alvira (+1992) y Paquita Domínguez (+1994); y también el médico guatemalteco, Ernesto Cofiño (+1991), padre de cinco hijos. 

Entre ellos también hay profesionistas como Toni Zweifel, Ingeniero Industrial,  suizo (+1989); una joven estudiante española, Montserrat Graces, fallecida a los 18 años, en 1959; y Dora del Hoyo, empleada del hogar, que supo encontrar a Dios en las labores domésticas (+2004).

Así Josemaría Escrivá nos ilustra lo que es un santo: es aquel cristiano que ama a Dios con pasión y que enseña a los demás a vivir con amor verdadero a Dios y a quienes conviven con él. 

Todavía hay santos, los de verdad, no los que el folclor popular inventa. En ocasiones, las veladoras y los “ex votos” nos ocultan el verdadero rostro de los hombres y mujeres de Dios, que en realidad han sido personas normales, quizá nuestros vecinos, que sin hacer nada espectacular, supieron encontrar el sentido divino –y humano– de su vida.