Rejuvenecer la fe

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Cada año el Santo Padre dirige a la Curia Romana un discurso, en torno a Navidad, en el que hace el balance anual de la situación de la Iglesia y de su misión como Pontífice. Suele ser uno de los mejores, más agudos y profundos discursos del Papa, dirigido a sus colaboradores inmediatos, en el que sin tapujos ni eufemismos, pero con mucha fe, muestra la situación de la Iglesia.
El de 2011 lo dedicó a la necesidad de “rejuvenecer la fe”. La crisis de la Iglesia en Europa, la angustia por tener a los templos cada vez más vacíos, o llenos solo de ancianos, la carencia de vocaciones sacerdotales, suscitan infinitud de teorías sobre lo que “se tiene que hacer”. El Papa observa, agudamente, que antes que hacer, es preciso creer: renovar la fe. Plantea, como ejemplo, el escenario distinto de África, donde no se percibe el “cansancio de creer” característico de Europa, sino la “alegría de la fe” típica de África. Sugiere el Papa que las claves de ese “rejuvenecimiento de la fe” nos las proporcionan las Jornadas Mundiales de la Juventud.
En México más agudamente, y en Latinoamérica en general, estamos en cierto sentido, a medio camino entre África y Europa: miramos aspiracionalmente a Europa y su desarrollo, pero mantenemos estructuras familiares y valores semejantes a los africanos. Por ello nos viene bien acoger los 5 consejos que ofrece el Papa para renovar la fe, extraídos de la experiencia de las JMJ, como antídoto o vacuna, frente al cansancio de la fe, que también nos amenaza. Me limito a enunciarlos resumidamente:
1. “Una nueva experiencia de la catolicidad, la universalidad de la Iglesia. Esto es lo que ha impresionado de inmediato a los jóvenes y a todos los presentes: venimos de todos los continentes y, aunque nunca nos hemos visto antes, nos conocemos. (...) En virtud del encuentro interior con Jesucristo, hemos recibido en nuestro interior la misma formación de la razón, de la voluntad y del corazón (...) El hecho de que todos los seres humanos sean hermanos y hermanas no es sólo una idea, sino que aquí se convierte en una experiencia real y común que produce alegría".
2. “Su tiempo tenía un sentido (el de los jóvenes en la JMJ); precisamente en el dar su tiempo (…) habían encontrado el tiempo, la vida. (...) Estos jóvenes han hecho el bien -aun cuando ese hacer haya sido costoso, aunque haya supuesto sacrificios- simplemente porque hacer el bien es algo hermoso, es hermoso ser para los demás. Sólo se necesita atreverse a dar el salto. Todo eso ha estado precedido por el encuentro con Jesucristo, un encuentro que enciende en nosotros el amor por Dios y por los demás, y nos libera de la búsqueda de nuestro propio 'yo'".
3. La adoración, el silencio de la multitud ante el Santísimo: "Dios es omnipresente, sí -dijo-.  Pero la presencia corpórea de Cristo resucitado es otra cosa, algo nuevo (...) La adoración es ante todo un acto de fe: el acto de fe como tal. Dios no es una hipótesis cualquiera, posible o imposible, sobre el origen del universo. Él está allí. Y si Él está presente, yo me inclino ante él”.
4. La práctica frecuente del sacramento de la reconciliación, en el que "reconocemos que tenemos continuamente necesidad de perdón y que perdón significa responsabilidad. Existe en el hombre, proveniente del Creador, la disponibilidad a amar y la capacidad de responder a Dios en la fe. Pero, proveniente de la historia pecaminosa del hombre (...) existe también la tendencia (...) al egoísmo, al encerrarse en sí mismo, más aún, al mal. (...) Por eso necesitamos la humildad que siempre pide de nuevo perdón a Dios; que se deja purificar y que despierta en nosotros la fuerza contraria, la fuerza positiva del Creador, que nos atrae hacia lo alto".
5. La alegría de la fe, de otra parte lugar común en el pensamiento de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI: "certeza que proviene de la fe: yo soy amado. Tengo un cometido (...) El hombre puede aceptarse a sí mismo sólo si es aceptado por algún otro. (...) Este ser acogido proviene sobre todo de otra persona. Pero toda acogida humana es frágil. A fin de cuentas, tenemos necesidad de una acogida incondicionada. Sólo si Dios me acoge, y estoy seguro de ello, sabré definitivamente: 'Es bueno que yo exista' (...) Allí donde falta la percepción del hombre de ser acogido por parte de Dios, de ser amado por él, la pregunta sobre si es verdaderamente bueno existir como persona humana ya no encuentra respuesta alguna. (...) Sólo la fe me da la certeza: (...) Es bueno existir como persona humana, incluso en tiempos difíciles. La fe alegra desde dentro".
    Con su discurso de fin de año a la Curia, Benedicto XVI nos proporciona abundante material de reflexión, y un auténtico reto a todos los cristianos en este año que comienza.