Saber corregir para enseñar a descubir el bien

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Ser cuidadoso en la forma

Los latinos expertos en educación, lo expresaban diciendo: Suaviter in modo, ortiter in re.
Hay muchas formas de decir la misma cosa a la misma persona en la misma
circunstancia. Lo importante es utilizar la más eficaz.

A veces pensamos que lo más eficaz es ser enérgico, aunque sea en
cosas pequeñas. Otras veces estamos en la creencia de que es preferible
transigir en lo que queremos inculcar a nuestros hijos a cambio de
conservar la paz.

Son casos que en cierta forma ya hemos visto. Pero para sintetizar
podemos decir que la solución se encuentra en el equilibrio entre
principios sólidos y una forma atractiva de enseñarlos.

No hay que recurrir a las formas duras porque es contraproducente,
pero hay que dejar claros los principios. Este ser suave en la forma
manteniendo el fondo hace más atractivo el mensaje, más convincente.

Cuidar la forma implica autoexamen y autodominio en el formador,
pero créame, es muy eficaz. No hay que renunciar a los principios de
fondo o a los ideales que queremos inculcar.

Formarle un espíritu crítico ante lo que recibe a través de los medios de comunicación

Una vez hablaba con una señora que estaba preocupada por lo que sus
hijas veían en las telenovelas. Decía que eso les llenaba la mente de
tonterías y no les servía para su vida, que les presentaba un mundo
irreal que las confundía y no era bueno para la formación de una
personalidad equilibrada.

Yo le pregunté qué hacia entonces para defenderlas de eso. Ella me
respondió que no se las prohibía ver porque eso no servía para nada,
pues en la escuela se las explicaban después en forma corregida y
aumentada. Lo que hacía era verlas con ellas y comentarlas discutiendo
sobre las cosas buenas y malas, reales e irreales, que encontraban.

Esto, según ella, les formaba un espíritu sanamente crítico que las
ayudaba a discernir en su vida y a formarse criterios sólidos. Añadió
que igual que los medios les daban criterios de juicio sobre ella, de
igual manera, ella podía dar criterios de juicio a sus hijas sobre los
medios para que les perdieran el miedo y no los creyeran intocables y
únicos poseedores de la verdad.

Me pareció una idea muy inteligente y les confieso que, aunque al
principio me dio la impresión de ser un poco extremista y llevar las
cosa fuera de su marco, acabé dándole la razón.

Cuántas veces nos juzgan nuestros hijos y nuestros alumnos a partir
de los modelos y criterios que les dejan los medios de comunicación:
somos anticuados, vestimos mal, no sabemos divertirnos. ¿Por qué no
tenemos derecho nosotros a hacer lo mismo dándoles criterios nuestros?
Seguramente serán criterios más sanos y consejos nacidos del amor que
les tenemos, no de intereses comerciales o culturales. Hay que defender
a nuestros hijos de la manipulación, hoy tan fácil de realizar, y
enseñarles a descubrir en todo la verdad y el bien.

No corregir con medios peores de lo que hizo el niño o el adolescente

Esperar el momento adecuado. Esto se deduce del principio que hemos enunciado como suaviter in modo, fortiter in re.

Una vez, un papá preocupado porque su hija no estudiaba, la llevó
ante una imagen del Sagrado Corazón de Jesús que tenían en el salón y
juró en voz alta diciendo: Te juro, Señor, que mi hija no sale de casa hasta que apruebe las cinco asignaturas que reprobó este mes.
El efecto que produjo esto en la niña fue terrible. Se alejó
absolutamente de su papá que ya no pudo ejercer como educador con ella
y, al mismo tiempo, se creó unos problemas muy graves respecto a su fe,
precisamente en el momento en que la formación religiosa se hace más
delicada y al mismo tiempo cuando resulta más necesaria una orientación
espiritual en la vida.

El remedio fue peor que la enfermedad y el medicamento no sirvió
para curarla. La niña perdió toda motivación para estudiar y se creó un
complejo de miedo ante la figura del papá que condicionó mucho su
relación con los muchachos. Claro, esto no se produjo sólo por este
hecho que acabo de contar, sino por la actitud habitual de su papá que
iba siempre por esa línea.

Hay que distinguir lo fundamental de lo accesorio y evitar los
remedios contraproducentes que producirán más efectos negativos que
positivos en nuestros hijos. El pegar, gritar, los castigos duros, sólo
sirven a estas edades para cerrar más la ya de por sí difícil relación
entre papás e hijos. Y este es uno de los puntos fundamentales sobre
los que hay que estar muy atentos si no quieres que tus hijos
adolescentes rechacen tu educación y elijan la de la calle o la que
reciben a través de los medios de comunicación.

Ir a las causas

Cuando se detecta un problema en los hijos, no hay que conformarse
con lo que yo creo que es la solución así a primera vista, hay que ir a
fondo. Si mi hija no estudia, a lo mejor el remedio no es simplemente
ponerle un tutor. Hay que ir a fondo y examinar con objetividad y
realismo las causas de cada situación anómala que detecte (y también,
por qué no, de las cosas buenas): influencia de los amigos o de malas
compañías, problemas reales de cansancio físico, falta de motivación
porque atraviesa un momento sentimental muy difícil, etc. De esta
manera los podremos ayudar más, y mejor.