Saber ser humanitarios

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1) Para saber

Hace unos días el Papa Benedicto XVI, en la audiencia del día 2 de marzo, quiso referirse a un santo que supo superar muchas dificultades gracias a su confianza en Dios: San Francisco de Sales.
Recordaba el Papa que este santo tuvo en su juventud una profunda crisis al plantearse sobre su propia salvación eterna. Oraba intensamente, pero la duda lo atormentaba de tal manera que durante varias semanas casi ni comió ni bebió.
Hasta que al final de la prueba, una oración lo hizo recuperar la paz. Este fue su rezo: “Cualquier cosa que suceda, Señor, tú que tienes todo en tu mano, y cuyos caminos son justicia y verdad; cualquier cosa que tu hayas decidido para mí...; tú que eres siempre juez justo y Padre misericordioso, yo te amaré, Señor […] te amaré aquí, oh Dios mío, y esperaré siempre en tu misericordia, y repetiré siempre tu alabanza... Oh Señor Jesús, tú serás siempre mi esperanza y mi salvación en la tierra de los vivos”.

2) Para pensar

San Francisco encontró la paz aceptando la voluntad de Dios. Eso lo liberó de todo temor: amarlo sin pedir nada a cambio y confiar en el amor divino; ya no preguntarse más qué haría Dios con él: sencillamente amarlo, independientemente de cuanto nos dé o no nos dé.
San Francisco solía dedicar mucho tiempo a dirigir espiritualmente a muchas almas. Entre ellas se cuenta a Santa Juana Francisca de Chantal, fundadora de una orden religiosa. Era una viuda que cuidaba de su suegro y sus hijos. Como vivía lejos, San Francisco le enviaba cartas en donde la aconsejaba. Cuando recibía dichas cartas, las recibía con mucha ilusión y las leía arrodillada, pues valoraba mucho la ayuda que Dios le concedía a través de ese instrumento humano. Un día fue sorprendida en esa postura por su hijo Celso, quien era apenas un niño. El pequeño preguntó extrañado que hacía. Santa Juan le respondió que leía una carta. El hijo volvió a preguntar: “¿Así se leen siempre las cartas?” Su mamá le aclaró: “No todas. Esta sí porque la escribió un hombre de Dios”. El hijo volvió a preguntar: “Y ¿qué es un hombre de Dios?” Su madre le dijo: “Es un hombre santo, que trata de ayudar a los demás cumpliendo la voluntad de Dios”. El hijo entusiasmado exclamó: “Es estupendo ser un hombre de Dios. De mayor me gustaría serlo”. Por fin, la madre, mirándolo tiernamente, suspiró: “Yo rezo todos los días para que lo seas”.

3) Para vivir

El Papa comentaba que el aspecto de San Francisco de Sales tenía algo de la majestad del paisaje en el que vivió (cerca de los Alpes Suizos), conservando también la sencillez y la naturaleza. Supo asumir como ideal el ser “humanitario”, entendiendo por ello el ser una persona culta, cortés, libre y tierna, noble y solidaria.
El Papa nos invita a imitar a este santo y ser también “humanitarios”, dándoles a los demás lo mejor de uno mismo desinteresadamente.