Saltarse la barda

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Saltarse la barda

Tácito, Suetonio o Flavio Josefo son sólo algunos de los escritores no cristianos que dedicaron párrafos a la persona de Jesús de Nazareth. 

No obstante, para Luigi Cascioli, activista ateo, resulta más creíble que una secta judía decidiera escindirse del judaísmo y construyera una fábula sobre Quien constituye la razón de ser para miles de seres humanos, a partir de un modelo tomado de un líder guerrillero.

Cuesta creer que en pleno siglo XXI haya quién se muestre incrédulo ante evidencias históricas incontestables. Cuesta creer que a estas alturas de la vida haya quien pierda el tiempo y se dedique a escribir un libro en contra de la existencia fidedigna de un personaje que partió la historia en dos. 

Dejando de lado consideraciones y convicciones religiosas, hay pruebas manifiestas que se imponen como reales e irrefutables. Son un hecho los argumentos certeros y fiables, y abundantes los escritos paganos, respecto a la persona de Jesucristo. Un profesional serio y con un mínimo de cultura jamás se prestaría a cuestionar sensatamente acontecimientos como el nacimiento y muerte de un hombre en la Palestina de inicios de nuestra era.

Cascioli es autor del libro “La fábula de Cristo”. Hace unos meses llevó a tribunales una acusación contra un sacerdote italiano imputándole la proclamación de la existencia de Cristo que él rebate en su obra. Pero la acusación iba más allá de la mera publicidad gratuita: según Cascioli, el P. Enrico Righi abusaba de la credibilidad popular y suplantaba una personalidad pues, según él, Jesucristo fue inventado por un tal Juan Gamala, líder de la resistencia judía contra Roma en el siglo I de nuestra era.

La intención última era llevar la querella ante el Tribunal de Estraburgo pretendiendo que en adelante la Iglesia debiera presentar sus afirmaciones como meras hipótesis u opiniones subjetivas a menos que las probara con hechos empíricos. O sea, como Tomás, “si no veo, no creo”. Una actitud que se traduce a la vida ordinaria en un escepticismo relativo: creo lo que quiero y lo que no me conviene no. 

Más allá de la nota que tiene más de anecdótica que de seria, está la actitud preocupante de la reacción anticristiana. Cascioli no estaba solo en el meollo. Contaba con el apoyo de organizaciones laicista y anticlericales. Su meta no se queda en la raquítica pretensión del aumento de ventas de su libro que dista mucho de convertirse en «best seller». Es el reflejo extendido de querer imponer el modo de pensar amparándolo en un fin aparentemente benigno. Es la continuidad exasperante a la renuncia de lo que fundamenta una cultura entera como lo es la fe cristiana. Es anteponer intereses bizarros atentando contra la libertad del prójimo sin premisas convincentes e innegables. La ignorancia es atrevida y, bajo mentes agnósticas, pretensiosa. 

Sorprendió que los jueces aceptaran que procediese la demanda. Era novedoso. Pero como la novedad tiene la vida corta, el magistrado ha disuelto el caso por falaz.