San César


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San César

Obispo, 26 de agosto.

Significa “ cabellera, barba”. Viene de la lengua latina.

La verdadera vocación del cristiano es sembrar la paz y la alegría como cualidades que adornan a la persona y que dimanan directamente de la fuente del Evangelio.

El santo de hoy nos lleva al siglo V, en cuyos finales nació, y al VI (543) en que murió.

La abadía de Lérins, Francia se distinguió en todos estos siglos por su brillantez en el cuidado de los hermanos y por la santidad a la que aspiraban los monjes que la habitaban.

César entró en ella a sus veinte años con la idea clara de vivir austeramente. Pero se entregó tanto a la penitencia que cayó enfermo a los cinco años.

Para cuidarse mejor su salud, el abad lo envió a Arles porque había buenos médicos.

Aquí entabló una profunda amistad con el obispo. Este, al ver que estaba preparado en ciencia y en virtud, lo ordenó de sacerdote. Sería César quien le sucediera en el cargo en el año 503.

Durante su episcopado, tuvo la mala suerte de que los Visigodos invadieran el territorio por espacio de cinco años. Después llegaron los Ostrogodos y los Francos.

Fueron escalones que debió subir con paciencia y con un discernimiento extraordinario, sobre todo con los Francos.

Cuentan que fue un gran obispo; de esas personas que, al comienzo de una época de barbarie, supieron darle a la iglesia merovingia una doctrina firme, una buena predicación de la Palabra de Dios, una disciplina y una cultura.

Fue el primero en fundar un monasterio para mujeres. De sus miles de sermones, tan sólo quedan 250.