San Gilberto


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San Gilberto

Fundador, 4 de febrero

 

Etimológicamente significa “compañía brillante”. Viene de la lengua alemana.

Hoy hay una esperanza: nunca ha estado tan difundido entre los cristianos una tal toma de conciencia de las graves situaciones de la comunidad mundial. Todavía más: alimentados en las fuentes de la oración y la contemplación, hombres y mujeres llegan a ser capaces de cambiar las más obscuras perspectivas, y encuentran el coraje para arriesgarse con vistas a la reconciliación y la paz.

Este joven inglés fue llamado por Dios para que fuera sacerdote entre su gente y los franceses.

Ordenado de sacerdote, se dedicó a la juventud fundando escuelas para aquellos que no tenían los medios económicos para costearse los estudios. Menos mal que un tío suyo era rico y le proporcionaba los gastos.

El obispo le tomó un gran aprecio y lo nombró su consejero particular.

Estando en Lincoln se distinguió por su amor a los demás, por la cultura y la piedad de la diócesis.

Para ello comenzó por fundar un monasterio femenino de contemplativas, siguiendo la regla de san Benito.

Después seguirían otros para varones según las reglas de san Agustín.

También fundó la única Orden inglesa, conocida como los Gilbertinos.

El Papa Eugenio III aprobó sus estatutos en 1148, y después los confirmaron otros Papas como Adriano IV y Alejandro III.

En 1147, tuvo la ocasión en Francia de encontrarse con el Capítulo General que celebraban los Cistercienses. En él reforzó su amistad con san Bernardo. Ayudó a Tomás Becket en su controversia con el rey Enrique II. Esto le acarreó la calumnia e incomprensión hasta de los mismos monjes.

Al final de su vida, perdió la vista, pero ya había escrito varios libros sobre la vida monacal. Los Gilbertinos fueron prohibidos por Enrique VIII. Murió el 4 de febrero de 1189.