San Graciano


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San Graciano,

Diciembre 22

Etimológicamente significa “lleno de gracia”. Viene de la lengua latina.

Cuando el creyente opta por el Evangelio, esto puede conllevar renuncias, desprendimientos indispensables. Pero, aunque frágiles, somos fuertes en Dios.

Este joven vino al mundo en un pueblo de Montenegro en 1439 y murió Venecia en 1509.

Conocemos su vida cuando ya tenía 30 años. Se dedicaba a la pesca y arreglar redes. De este modo se ganaba la vida en las costas del mar Adriático.

Llegó hasta Venecia, y, con curiosidad entró en la iglesia de san Cristóbal. Que pertenecía a los ermitaños de san Agustín.

Era la hora de la Misa. El sermón de aquel día le dejó tan impresionado que cuando terminó el predicador su sermón, le siguió hasta la sacristía. Aquí le pidió que le dejara entrar en la Orden

Lo aceptaron como postulante. En seguida se fue a su lugar de trabajo para vender su casita, su barca y sus redes.

A los pocos días entró de novicio. Le dieron como trabajo la jardinería, pero, dadas sus habilidades, trabajaba también de sastre, zapatero y albañil.

Era un joven habituado al sufrimiento. Dormía sobre una piedra y ayunaba tres veces a la semana, más de lo que mandaban las Reglas.

Echaba sus ratos libres ante el Santísimo. Llevaba puesto un cilicio que se puede ver todavía en la iglesia de Kotor.

La biografía que nos ha llegado acerca de su vida, se escribió un siglo después. Y en ella se relatan sus milagros. Por ejemplo, cuando trabajaba en el jardín, los muros de la iglesia se abrían para que pudiese estar viendo al Santísimo.

También se narra que durante la noche salían llamas de amor de su corazón.

Pasó sus últimos años cojo hasta que murió en el convento de san Cristóbal de Venecia.