San Gregorio


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Gregorio, Santo

El Iluminador, 4 de mayo

 

Etimológicamente significa” vigilante”. Viene de la lengua griega.

En todo el mundo se le conoce como el Iluminador. Fue un título ganado a pulso por las muchas conversiones que llevó a Dios, guiado por la luz de su Espíritu.

Nació este joven armenio en el año 240 y murió en el 325. Toda una vida empleada fondo perdido por ganar a personas para la causa del Evangelio.

Su primo, el rey de Armenia, lo tenía en tan alta distinción que le llamó a palacio para que fuera su consejero y colaborador. Tener personas de su calidad al lado es toda una garantía.

El rey no tenía ni idea de que fuera cristiano. Y lo que son las cosas: una vez que se enteró, no tuvo en cuenta todo el bien que le había hecho con sus orientaciones y consejos.

Lo encerró en un calabozo del palacio durante la friolera de catorce años.

Pero el rey cayó muy enfermo. Nadie podía curarle. Alguien le sugirió que Gregorio tenía poderes para sanar.

Entonces lo soltó y lo dejó libre. Y efectivamente, Gregorio lo curó, lo convirtió y bautizó al rey y a toda su corte.

De esta forma, la religión cristiana llegó a ser la religión del Estado armenio.

A raíz de la conversión de su monarca, los Armenios lo hicieron en seguida. Llegaron misioneros de otros sitios y Gregorio fue nombrado el jefe de la nueva Iglesia.

Gracias a sus intervenciones, el Estado le devolvió sus riquezas y sus templos anteriormente confiscados. Los hijos de los sacerdotes idólatras constituyeron en buena parte el clero de la iglesia cristiana.

Al final de su vida, Gregorio le confirió a su hijo la sede episcopal y él se retiró para morir santamente. Al cabo de algún tiempo, esta iglesia rompió sus lazos con Roma y con Bizancio. Hay una parte poco importante que sigue unida a Roma.