San Lorenzo Imbert


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Lorenzo Imbert, Santo

Mártir, 21 de septiembre

Etimológicamente significa “laurel”. Viene de la lengua latina.

Cuando le preguntaron al cardenal Ratzinger por qué viajaba tanto el Papa Juan Pablo II, dijo que viaja a todo el mundo sin cansancio; se entrega sin reservas, para franquear las puertas a Cristo y abatir las barreras de las que se rodea el hombre. Se acerca a todos.

El joven Lorenzo y sus compañeros mártires dieron su vida por Cristo en el año 1839.

Eran tres misioneros que, ilusionados por llevar a Cristo a la China y a Corea, salieron un buen día de las Misiones Extranjeras de París. Vivían contentos con su apostolado en Francia.

Sin embargo el amor de Dios les inducía a irse lejos, muy lejos. Salieron para Setchoon, en la china occidental y a continuación llegaron a Corea.

Lorenzo había nacido en Aix de la Provenza. Tuvo la osadía divina de fundar un seminario nada menos que en la misma frontera del Tibet, lugar por excelencia de los monjes budhistas.

Una vez que pasó aquí doce años, le nombraron obispo y tuvo que irse a Corea.

Su compañero Jacques era originario de los Alpes de la Alta Provenza y también se unió con los cristiano de Corea después de haber permanecido diez años en China.

Vinieron tiempos malos para su fe en Cristo. El, con mucha intuición, quiso evitar que arrestaran a muchos cristianos pagando por ello su entrega personal a las autoridades.

Estas, sin oírle siquiera, lo encadenaron juntamente con sus dos compañeros y fueron condenados a pena de muerte.

Eran relativamente jóvenes: 43 y 36 años. Su muerte no cayó en el vacío. Al día siguiente, otros cristianos responsables de la misión sufrieron igual suerte que sus maestros en la fe.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!