San Romanos el melódico


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Romanos el melódico

Poeta litúrgico, 1 de octubre

Etimológicamente significa “perteneciente a Roma”. Viene de la lengua latina.

Cuando un creyente siente en sus venas todo el arte que Dios le ha concedido, lo pone a su disposición para que redunde a su mayor gloria. La vanidad es la gran enemiga del alma.

El joven Romanos se lo pasaba bien en su querida nación Siria. Todo el mundo admiraba su voz y sus cualidades para el canto.

El, sin embargo, cuando nadie lo esperaba, se marchó a Constantinopla que era por entonces el emporio de la cultura.

Aquí, con buenos maestros, se educó su voz al máximo. Deseaba cantar la gloria de Dios lo mejor posible.

Sucedió que la Madre de Dios, en la víspera de la gran fiesta de la Navidad y en la iglesia de Blanchernes le hizo el milagro de afinar y atiplar su voz de tal modo que cualquiera que lo oía, pensaba que estaba escuchando a un ángel.

Participaba activamente en la liturgia y alegraba y enfervorizaba a todos con el suave tono de su voz armonizada.

Los músicos de la ciudad cogieron las notas de sus canciones con el fin de que no pasaran en balde. Las transcribieron todas, pero, desde luego, las mejores fueron las que cantó el día de Navidad y en su vigilia.

Era el don que le hizo la Virgen María pocos momentos antes de que se celebrase el nacimiento de su Hijo en el portal de Belén.

Al igual que su voz, su vida fue una pura melodía de santidad.

Se sabe que llegó de Siria, fue diácono y coadjutor de una parroquia. Los tiempos no le fueron demasiado favorables – porque era emperador Atanasio -, sin embargo, a pesar de todo, pudo glorificar a Dios con su canto y su apostolado.

Es el poeta litúrgico más importante en el rito bizantino. Se conservan más de 80 himnos suyos de los más de 500 que escribió.