San Vadim o Bademio


ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

Vadim o Bademio, Santo

9 de abril

Etimológicamente, al ser de origen persa, no lo hemos encontrado.

Hay jóvenes decididos, incluso en la mayor de las adversidades.

Cuando sienten que Dios los llama para seguirle más de cerca, no presentan ninguna dificultad. Se dejan llevar por los impulsos del Espíritu que habita en cada uno.

Le tocó vivir bajo el reinado de Chahpurhr II, muy cerca de Bethlapat, en unión con otros hermanos monjes y algunos discípulos.

¿Qué es lo que le distinguía?

La pureza de sus costumbres, la humildad, la pobreza, la dulzura y la caridad. Con este bagaje de virtudes era fácil hacerse querer y también querer a todo el mundo.

Pero el ambicioso y mal rey se enteró de su valor, de que la gente lo trataba muy bien y se ganaban la simpatía de cuantos lo veían. Pero la envidia del rey lo llevó a la cárcel.

En este lugar, privado de libertad, Vadim y sus compañeros se encontraron con el príncipe Nersan, también cristiano.

Al príncipe lo había metido en la prisión porque se había negado a adorar al sol. Hasta este instante, había gozado de la estima del rey.

No obstante, cuando vio las torturas y castigos que les daba a Vadim y a sus compañeros, prefirió ponerse a bien con el monarca.

Aunque consiguió la libertad, el rey le impuso una condición. ¿Cuál?, preguntó el príncipe. Muy sencillo: tienes que deshacerte de Vadim.

Mientras tenía el arma en la mano, temblaba de tal modo que no pudo hacer uso de ella.

Tuvieron que pasar muchos minutos para reponerse del temblor. Y, aunque no empleó la espada, le dio golpes por todo el cuerpo.

Sus discípulos sufrieron igual suerte más tarde bajo el reinado de Sapor II (379). Natan padeció igual suerte por haber cometido el crimen.