Santa María Josefa Sancho Guerra


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María Josefa Sancho Guerra, santa

Una vida entregada a los enfermos, 1 de octubre

María Josefa Sancho Guerra, El Papa Juan Pablo II, canonizó a las fundadoras de las Siervas de Jesús

Entre los 123 santos que proclamó Juan Pablo II el 1 de octubre, se encuentra María Josefa Del Corazón de Jesús Sancho de Guerra, nacida en Vitoria (España), fundadora de las Siervas de Jesús y primera santa del País Vasco.

María Josefa nació en el seno de una humilde familia el 7 de septiembre de 1842 y sufrió muy pronto la pérdida del padre. A los 15 años fue enviada a Madrid para completar su formación y orientar su vida y en esta época sintió fuertemente la vocación religiosa. Escogió la consagración en la vida activa entrando en el instituto de las Siervas de María pero no tuvo una vida fácil porque le atormentaba la idea de que éste no era su camino y debía seguir otra dirección.

Aconsejada por san Antonio María Claret y santa Soledad Torres Acosta, dejó las Siervas de María, junto a tres compañeras, con las que fundó el Instituto de las Siervas de Jesús para la asistencia a los enfermos en los hospitales y a domicilio. Se establecieron en Bilbao y allí comenzaron a ejercer el ministerio de asistencia nocturna a domicilio. Cuando fundó el nuevo instituto, en la primavera de 1871, María Josefa tenía 29 años.

Durante la guerra carlista siguieron prestando sus servicios con gran heroísmo ante la presencia de enfermedades fuertemente contagiosas, como el cólera, el tifus, la tuberculosis llevando consuelo a muchos hogares. Con notable rapidez fueron ampliando su misión, llegando a hospitales, asilos y guarderías para niños.

Durante 42 años seguidos María Josefa fue la superiora del nuevo instituto que se ramificó en varias casas visitadas por ella constantemente, hasta que una larga y dolorosa enfermedad la confinó en Bilbao donde murió el 20 de marzo de 1912. A su muerte, dejó fundadas 42 casas, la última de ellas en Concepción (Chile). Murió en loor de santidad y se caracterizó por su amor a al Corazón misericordioso de Jesús del que obtenía la sensibilidad para tratar a los enfermos y su brillante capacidad de gobierno. Su fama fue creciendo con el gran número de gracias y favores alcanzados por su mediación.

Hoy sus hijas son 1.100, presentes en España, Italia, Francia, Portugal, Chile, Argentina, Colombia, México, Ecuador, Perú, República Dominicana y Filipinas. De acuerdo al cambio de los tiempos, a su primera finalidad de asistencia a los enfermos han añadido otra: la acogida y cuidado de mujeres ancianas, y la acogida y asistencia de niños en casas nido, sobre todo en los países más pobres de América Latina y de Asia.

María Josefa, explica el cardenal Eduardo Martínez Somalo, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, al introducir el libro «Siervas de Jesús. Una historia de amor y esperanza» de Miguel Ángel Velasco, director del semanario «Alfa y Omega», «supo demostrar que entonces, como hoy y como siempre, es posible amar a los demás. Supo hacerlo con absoluta entrega, con misteriosa alegría, con realismo fecundo y eficaz, con sensibilidad de mujer fuerte y con intuición certera sobre la permanente miseria de la condición humana».