¿Se puede curar la Homosexualidad?

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Respuesta:

Homosexualidad es la atracción sexual hacia personas del propio
sexo. En cromosomas, hormonas sexuales y constitución física los homosexuales
son normales. Hubo un tiempo, el de Freud, en que se pensó que se debía a
factores hereditarios, pero esta hipótesis hoy ha sido científicamente
desechada. Los homosexuales son biológicamente normales, lo que no es normal es
el ejercicio de la homosexualidad. Es de advertir que el homosexual tiene
instintos heterosexuales; lo que ocurre es que se le bloquean por alguna razón,
que puede ser un complejo de inferioridad. Quienes de verdad se empeñan en
luchar contra ese complejo, aun en casos de transexualidad, en uno o dos años
acaban con sus obsesiones. Para dar la impresión de normalidad, hay quien
asegura que quizá uno de cada cinco hombres tiene 'tendencias' homosexuales,
pero las estadísticas lo desmienten y ponen de manifiesto que en realidad no
pasan de un uno o dos por ciento.

El movimiento mundial para la emancipación de los homosexuales trata de
eludir cuestiones fundamentales, se sirve de medias verdades y de falsedades
totales y maneja el concepto de discriminación para suscitar compasión. Hace del
homosexual una víctima.

UNA CAUSA: LA FALTA DE MADUREZ

En la pubertad, puede tratarse de un fenómeno transitorio. Hay casos en
que la homosexualidad arraiga en los primeros años de juventud. Este hecho ha
llevado a algunos a pensar que no tiene sentido procurar desarraigarla. La
teoría más en boga es que la homosexualidad se basa en una perturbación del
llamado 'sentido de identidad sexual'. La realidad demuestra que los
homosexuales están afectados no sólo en su faceta sexual, sino en todo su mundo
emotivo. Su vida emotiva coincide mucho, por ejemplo, con la de tipo ansioso,
compulsivo o depresivo, caracterizada por depresiones, nerviosismo, problemas
relacionales y psicosomáticos. No son capaces, en determinados aspectos de su
vida emotiva, de madurar y de ser adultos y, pese a querer aparentar jovialidad
y alegría no son felices interiormente. La causa no está en la discriminación de
la que se quiere acusar a la sociedad que les haría 'víctimas' de ella, sino en
fuerzas que actúan en el interior mismo de los interesados (...)

¿SE PUEDE CURAR LA HOMOSEXUALIDAD?

Mucha gente no sabe que la génesis psíquica de esta condición sexual
carece en absoluto de misterio y que su terapia es posible. El método que he
utilizado consta de dos partes: la primera consiste en hacer adquirir al
interesado una visión clara de la propia identidad y de su propio mundo
afectivo; la segunda, en afrontar esa situación. Llevamos a las personas a
reírse de sí mismas (el humorismo puede ser muy saludable) y a la adquisición de
hábitos positivos: valentía, honestidad consigo mismo, autodisciplina, capacidad
de amar a los demás; así, hasta lograr que el homosexual pierda sus hábitos
neuroinfantiles.

Es esencial neutralizar la autoconmiseración crónica. Es obligado decir
que:

- En un treinta por ciento de los casos, la curación es completa:
acaban desarrollando actitudes y hábitos sexuales normales y afectivos y una
vida emotiva adulta. Por supuesto, una curación sólo sexual no sería una
curación completa.

- Otro treinta por ciento de personas cambia más o menos gradualmente,
pierde sus obsesiones homosexuales y asume una actitud emotiva nueva, aunque no
lo suficiente para poder hablar de curación completa.

- Hay otros que progresan con extremada lentitud por su estado
neurótico grave, pero también éstos, si son ayudados por una asistencia y un
tratamiento constructivos, adquieren fuerza y coraje y poco a poco van perdiendo
sus depresiones, nerviosismos y ansiedades.

RESPONSABILIDAD DE LOS EDUCADORES

Los complejos homosexuales se pueden evitar educando a un muchacho como
muchacho y a una chica como tales. No se pueden intercambiar y mezclar las
cosas. Una total identificación, la total identidad de roles que quiere cierto
feminismo exacerbado es absurda. Los sacerdotes y educadores tienen un papel
importantísimo cuando aportan al crecimiento psicológico una contribución mucho
mayor de la que a veces son conscientes. Cuidado con creer que todo 'amor' es
bueno; hay formas de amor compasivas y neuróticas que revelan una personalidad
dividida en sí misma y que necesitan una guía moral firme y segura. Los
pacientes que viven su fe de manera positiva tienen las mayores esperanzas de un
cambio radical en su homosexualidad: ésta es mi experiencia de años.

El problema de la homosexualidad es presentado en una injustificada
atmósfera de fatalismo. La homosexualidad sigue siendo vista por la mayoría de
la gente a la luz de prejuicios e ideas preconcebidas, infundadas y superadas de
las que, por desgracia, no están ausentes profesionales (médicos, sociólogos,
psicólogos, sacerdotes, periodistas). Si a ello añadimos la falta de puesta al
día de la Psiquiatría y de la Psicología, se crea una situación de la que se
aprovecha la estrategia de la emancipación de homosexuales militantes,
flanqueada por el 'establishment progre' occidental que pretende hacer creer que
la homosexualidad es una variante normal de la sexualidad humana, que homosexual
se nace y que no se puede cambiar. A todos ellos no les vendría mal una mejor
información.

LA FALACIA DE LA RESIGNAClÓN

Los responsables mejoran poco a poco las situaciones concretas. Hay
directores espirituales que animan correctamente a los homosexuales a vivir la
castidad y el dominio de sí mismos, pero de hecho consideran que es imposible
desarraigarla. Es muy equivocada la actitud de no pocos hombres de Iglesia que,
de buena fe, pero víctimas probablemente de la escasa difusión de las
experiencias terapéuticas, consideran que el mejor modo de ayudar a los
homosexuales es enseñarles la resignación y la aceptación del sacrificio que
supone su situación, en lugar de animarles y ayudarles a salir de ella, con
paciencia y perseverancia.

Además de ignorancia, demuestran ingenuidad, ya que es dificilísimo,
por no decir imposible, convivir con las propias tendencias homosexuales sin
dejarse arrastrar por ellas. El camino de la curación de los homosexuales no
pasa por la compasión y mucho menos por la aceptación de su situación como
'normal'. Es impresionante y doloroso constatar cuántos médicos, terapeutas,
sacerdotes, psicólogos ignoran el deseo de cambiar que tienen muchas personas
con tendencias homosexuales. La afectividad desviada no es más que un aspecto de
una personalidad inmadura. La terapia debe apuntar a enseñar al paciente a
reconocer y combatir toda una gama de expresiones de ego-centrismo
infantil, de temores, complejos de inferioridad, reacciones consolatorias,
afectaciones y autocompasiones. En la esfera afectiva crecemos cuanto mayor es
la confianza en nosotros mismos como hombres o como mujeres con plenitud y
felicidad. Un psiquiatra holandés que militaba en el movimiento de emancipación
homosexual cuenta la curación de una lesbiana gracias a un sacerdote dotado de
buen sentido psicológico, que le dijo: '¡Si es que tú te has quedado en cuando
eras una niña ... ! '. Su proceso de cambio duró un tiempo, pero acabó
reconociendo ante el psiquiatra que su problema había desaparecido 'como una
pierna amputada, que no vuelve'.