El sendero divino

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El Sendero divino

   Para que una persona que busque dentro de cierto recogimiento que Dios se haga presente de forma un tanto más latente, deberá seguir la propia metodología que que Dios marcó para su propio nacimiento. Esta metodología conlleva un plano introductorio que consiste en una afanosa vida de Oración, que aunque como confesó la Madre Teresa de Calcuta en una de sus cartas, ¨no sentía nada cuando estaba en el Sagrario¨; la propia disciplina de Oración, solamente genera el terreno básico para abonar el camino de esa deseada presencia.

    Del mismo modo, se ha de esperar una señal, para disponernos a recibir tan Sacra presencia, aunque en otra magnitud, como le sucedió a María. María, la madre de Nuestro Señor Jesucristo es sin duda un camino digno de imitar para comprender y llevar a efecto la metodología que allega ese sendero que el Divino deseamos que pise en nuestra miserable existencia.

   María cumple en primera instancia con la Obediencia que Dios le impone, como la obediencia que tiene un buen hijo con sus padres, es decir, sin cuestionamientos que induzcan a no cumplir con el mandato mismo que da origen a la Obediencia, aunque como toda creatura inteligente, se cuestione la realidad que se avecina.

    José, es el otro factor que abona el camino divino, al ser  éste, el representante de la otra cualidad necesaria para crear el sendero divino para que Dios se pueda hacer presente y es precisamente la Abnegación, el negarse a sí mismo, ante uno mismo como lo primordial de la existencia. De éste modo, la Abnegación y la Obediencia componen los dos factores fundamentales para hacer el camino llano de ese sendero divino al que aspiramos y aunque en María existe Abnegación y en José Obediencia, se observa  en la cualidad marital el sentido que la familia ha de tener para vivir bien, es decir, para estar con Dios en Familia. Obediencia y Abnegación son las prerogativas del sendero divino, es la escencia de esa metoidología divina, aunque no es todo. El sendero divino exige Fe, Esperanza y Caridad o donación y cuidado de los otros, tal y como lo hicieron José y María.

    José y María cumplieron con la fe y buscaron la bendición en su matrimonio;  lo hicieron público y ante Dios y asumieron los deberes que la condición de embarazo de María exigía.  Ambos llevaban una ferviente vida de Oración, tenían Fe, Esperanza en nuevo devenir y una constante preocupación por los demás.

   Para venir Dios al mundo, el Creador asumió un gran ejercicio de Fe en nosotros, asumió la Esperanza de que sus creaturas fuésemos perfectibles y asumió la Caridad con un ejercicio total de entrega y Donación marcando con ello el ejemplo para reveindicar nuestra miserable condición y facultarnos para construir un ser renovado en actuación, paz y alegría de tener a Dios con nosotros mismos.

   Sin embargo, el Hombre se encuentra solo, sin refugio y sin posibilidad de asirse a una mejor condición, porque su egoísmo le impide ver la sencillez y gracia de la Humildad que Dios pide para nuestra acertiva Felicidad. En lugar de ello, juzgamos a Dios, vituperamos a Dios y lo cargamos de responsabilidad de todas nuestras desgracias, sin tomar en cuenta que El Creador, que por otra parte, es evidente, es fuente de Bondad y creatividad, de Riqueza y de paz armoniosa con la naturaleza propia y la que nos rodea. Es la Perfección total de las virtudes, la perfección total de los Valores y la perfección total de los hábitos.

     Así pués, el camino preparatorio o Adviento, para la llegada de Nuestro Señor Jesucristo a nuestros corazones advierte una metodología sustentada en la Oración, en la Humildad con Obediencia y Abnegación y con la firme convicción de que la Fe, la Esperanza y la Caridad son los claros mandatos para obedecer. De éste modo tendremos la presencia de Dios en nuestros Corazones tan fuerte como la presencia de un hijo recién nacido con sus padres. Este sendero divino, esta metodología del creador y esos sentimientos y pensamientos de renovación interior son probablemente la mejor Navidad que debamos tener.

    Aprovechemos la conmemoración de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo para extender una felicitación por creer que este es el mejor camino que nos puede deparar la propia existencia. Felicitémonos si estamos en camino de Oración, felicitémonos si tenemos Fe, felicitémonos si tenemos Esperanza en los demás y en un mejor futuro y felicitémonos si hemos extendido la mano al prójimo.

 

                                                      MUCHAS FELICIDADES