Si esta obra es de Dios... (sobre Marcial Maciel)

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Si esta obra es de Dios... (sobre Marcial Maciel)

En el mes de enero de 1941, surgía incipientemente en la Ciudad de México una obra que como la pequeña semilla, el Divino Sembrador quiso se convirtiera en un árbol frondoso que acoge en su seno a numerosos sacerdotes, consagrados y laicos cuyo ideal es entregar su vida por la extensión del Reino de Cristo en el mundo: La legión de Cristo. Años después, en 1959, surgía el Regnum Christi, un movimiento de apostolado al servicio de los hombres y de la Iglesia.

En el esfuerzo de amor y servicio a la Iglesia, el Padre Marcial Maciel, fundador de ambos, fue animado para la entrega a la misión, por el afecto y aliento de los Papas que han acompañado la historia de la Legión y del Regnum Christi. El Padre Maciel tenía apenas 26 años, y sólo hacía cinco que había emprendido la fundación de la Legión de Cristo en la Ciudad de México, cuando con un primer grupo de adolescentes, Pío XII bendijo su obra, le aconsejó y alentó. Era el miércoles 12 de junio de 1946.

La fidelidad doctrinal, el amor y la incondicional adhesión al Sucesor de Pedro y la dedicación al conocimiento, afecto y estudio de su magisterio, serán características esenciales del carisma y de la espiritualidad legionaria. Con Su Santidad Juan XXIII tuvo diversos encuentros. Sin duda uno inolvidable fue el del 20 de noviembre de 1962, cuando Juan XXIII asistió al solemne acto de la coronación de la imagen de la Virgen de Guadalupe que preside el altar mayor de la Parroquia romana que la Congregación tiene a su cargo en la «ciudad eterna». El acto fue presidido por el cardenal Garibi y Rivera, Arzobispo de Guadalajara, con la participación del Episcopado Mexicano y representantes de otras Conferencias Episcopales.

El Padre Marcial conoció a Pablo VI en 1946, cuando trabajaba como Sustituto de la Secretaría de Estado en el Vaticano. Pío XII le recomendó que acudiera a Monseñor Montini para analizar juntos las Constituciones de la Legión. Gracias a la intervención de Monseñor Montini la Legión de Cristo fundó en 1954 su primera obra apostólica: el Instituto Cumbres en la Ciudad de México. Fue bajo su pontificado, el 6 de febrero de 1965, cuando la Sagrada Congregación de Religiosos concedió a los Legionarios de Cristo el Decretum Laudis (Decreto de Alabanza), aprobación canónica definitiva por el que la Legión pasaba a ser una congregación de Derecho Pontificio. Con Juan Pablo I no hubo contactos personales, dado el escaso tiempo que duró su pontificado.

En octubre de 1978, Karol Wojtyla fue elegido Papa. Pocos meses después, en enero de 1979, Juan Pablo II emprendió el camino que le llevaría a peregrinar por cientos de países en los 5 continentes. Aquel mes de enero de 1979, Juan Pablo II tuvo ocasión de conocer al Padre Maciel y a los legionarios de Cristo y miembros del Regnum Christi, que prestaban su colaboración al Delegado Apostólico en México, Monseñor Girolamo Prigione, en la organización del viaje papal. Desde aquel primer encuentro, el Papa fue descubriendo en el Padre Maciel alguien que compartía con él los mismos amores: Cristo, la Iglesia, María, el hombre. Unidad de ideales: de fe, de esperanza, de caridad, sintonía de corazones.

Juan Pablo II concedió la aprobación definitiva de las Constituciones de la Legión de Cristo, el 29 de junio de 1983. En un gesto sin precedentes Juan Pablo II quiso también celebrar la ordenación sacerdotal de 60 legionarios de Cristo el 3 de enero de 1991, año jubilar para la Legión y el Regnum Christi que cumplían 50 años de existencia. Diez años después, concedió una audiencia especial en la plaza de San Pedro, el 4 de enero de 2001, para conmemorar el 60 aniversario de la fundación. Y en noviembre de 2004, esta vez al celebrar el 60 aniversario sacerdotal del fundador, el Papa concedió la aprobación de los Estatutos del Regnum Christi y con la misma fecha, el Motu proprio concediendo a la Legión de Cristo la gestión del centro Notre Dame of Jerusalem.

Con el Papa Benedicto XVI, la Legión y el Regnum han mostrado benevolencia e innumerables muestras de cariño, siempre fruto de la firme adhesión al Vicario de Cristo y a su Iglesia. La partida del Padre Marcial Maciel a la casa del padre, el 30 de enero pasado, no es sino el cumplimiento de los días del hombre que pasan como un breve tiempo. Ante todo esto sólo queda una idea, aquella de Gamaliel ante el Sanedrín: Os digo, pues, ahora: desentendeos de estos hombres y dejadlos. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá; pero si es de Dios, no conseguiréis destruirles. No sea que os encontréis luchando contra Dios (Hechos 5, 38-39)