Si estoy casado, ¿puede Dios llamarme a ser sacerdote?

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Si estoy casado, ¿puede Dios llamarme a ser sacerdote?

Domingo pregunta:

Padre, hace casi un año que me casé y mi esposa y yo estamos muy felices. Sin embargo, estoy confundido por algunas cosas, porque siento que Dios me llama a servirlo más y más. Me encanta mi vida de casado, pero también experimento el atractivo por el sacerdocio Pero no quisiera dejar a mi esposa. ¿Tendría que descasarme para ser sacerdote? ¿Podría ser un esposo y al mismo tiempo sacerdote a tiempo parcial? ¿Es contrario a las reglas? Como ve, necesito ayuda. Yo sólo quiero hacer lo que Dios quiere.

Muy querido Domingo,

La respuesta más sencilla a tu pregunta es la siguiente: estás casado, es ésta tu vocación. Tu camino al cielo pasa por ser el mejor esposo y, en un futuro que ojalá no sea muy lejano, el mejor padre. Esto es lo que Dios quiere que hagas con tu vida. Y al ser esposo, Dios quiere que cuides de tu mujer, la ames, la ayudes a llegar al cielo, junto con los hijos que Él les quiera regalar. Por lo tanto, al menos mientras tu esposa viva y tengas hijos que dependen de ti, Dios no quiere que seas sacerdote.

Es verdad que hay algunos casos verdaderamente excepcionales en los que, de común acuerdo, y con el permiso de la Iglesia, marido y mujer se separan para que ambos puedan proseguir su vocación a la vida consagrada. Pero son casos más bien raros en la historia de la Iglesia. El matrimonio, de todos modos, queda ahí, pues si estás lícita y válidamente casado, no te puedes descasar, hasta que la muerte los separe.

El motive fundamental por el que no se puede ser esposo y sacerdote a tiempo parcial no es porque es contra las reglas, sino que la ley del celibato existe porque corresponde mejor a la naturaleza del sacerdocio y al camino que Cristo quiso seguir. Esto lo entendieron los apóstoles desde los inicios del cristianismo: el hombre llamado al sacerdocio se identifica tanto con la misión de Cristo, que se dieron cuenta que el celibato es un don para los llamados.

Te invitaría a que no dejes morir en ti esta inquietud de servir a Dios en los demás. Hazlo a través de tu matrimonio: desarrolla la gracia del sacramento, apoya a tu familia, entrégate a tu esposa como Cristo se entregó por la Iglesia, colabora en tu parroquia, ayuda a otros a descubrir la fe, participa en algún movimiento o grupo, haz apostolado, vive la caridad Quizás, cuando tus hijos sean mayores de edad, el Señor quiera llamarte a ser diácono permanente .