Siempre me he visto como un hombre casado...

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

Siempre me he visto como un hombre casado...
Leo pregunta:

Tengo 19 años y he vuelto a practicar mi fe hace poco. He estado aprendiendo de nuevo el catecismo y, en la medida en que crezco en mi fe, me asalta más y más la idea de que debo ser sacerdote. Siendo una fuerte inclinación para enseñar y ayudar a otros a descubrir la maravilla del amor de Dios. Por lo demás, no me va mal en la escuela, tengo facilidad para hacer amigos, soy deportista y participo en un equipo del Regnum Christi y me siento como en casa ahí.

Pero estos pensamientos sobre el sacerdocio me asustan, porque siempre me he visto con una esposa y unos hijos y optar por ser sacerdote va a ser un gran sacrificio. También, tengo dificultades para ser dueño de mi mismo, sobre todo en mis pensamientos y algo en mis actos en el campo de la sexualidad, pero lucho como, ayudado de la oración y de los sacramentos y de un buen director espiritual y voy quitando malos hábitos. Pero me da miedo volver a fallarle a Dios. Si pudiera sugerirme algo, se lo agradeceré mucho.
 
 Querido Leo,

 Lo primero y más importante que puedo decirte es que sigas en la lucha. Te estás esforzando y a Cristo le gusta, pues como dice el P. Marcial Maciel, lo que más importa a Cristo es la lucha y no la caída. Sinceramente creo que cada vez que nos acercamos a Él en los sacramentos para vencer una tentación o levantarnos de una caída Él se siente feliz de poder darnos un fuerte abrazo y constatar que confiamos mucho en Él. Nuestra lucha hace que su pasión, por decirlo de alguna manera poética, merezca la pena. Esto hace que nuestra union con Él se haga más estrecha y crezca como crecen las amistades.

 No te extrañes de constatar que a medida que te acercas más a su perdón y amor esta amistad vaya creciendo y llevándote por sendas que tú nunca hubieras imaginado. Esto es normal: has pasado de la experiencia de tu propia debilidad al perdón de Dios y a encontrar lo que realmente vale en esta vida.

 Los temores que tienes, por otra parte, son reales y se basan en el conocimiento que tienes de ti mismo. Lo que te recomiendo que hagas ahora es que hables de esto con tu director espiritual. Él te ayudará a progresar (como ya tú mismo constatas) y, en la medida que te vaya conociendo, te podrá dar una opinión prudente sobre tus temores: si son suficientemente sólidos para decir que no tienes vocación o bien si sólo tienes que seguir trabajando.

 Quizás tome tiempo encontrar estas respuestas, así que tendrás que ser paciente. Conviene que hables con él sobre la naturaleza y frecuencia de tus faltas en el pasado, de las tentaciones ahora y de tu fuerza y reacciones ante ellas.

Si Dios te llama, no te preocupes del sacrificio que esto implica. El sacrificio es real, pero sólo estas viendo una parte de la película: lo que dejas, y no lo que recibes. Tu propia experiencia te ha hecho ver que las recompensas de estos sacrificios (como dejar tus malos hábitos de pecado) son mucho mayores de lo que Dios te pide que dejes.

Que Dios te bendiga.