Siento que me he enamorado de un seminarista, ¿estaría mal tratar de empezar con él una relación de noviazgo?

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Siento que me he enamorado de un seminarista, ¿estaría mal tratar de empezar con él una relación de noviazgo?

Anónima Confundida pregunta:

Tengo 18 años y estoy enamorada de un seminarista. La verdad es que me siento muy confundida. Mi director espiritual es el padre que se encarga del seminario, y por ello no me siento bien de tratar este asunto con él. El seminarista me quiere también, hemos hablado y decidido esperar para ver si lo nuestro es amor verdadero (los dos creemos que sí). Pero me siento culpable y me da miedo confundirlo y alejarlo de la vocación que Dios le ha dado. Me ha dicho que eso no sucedería, pero aún así, me da miedo. Lo único que quiero es su felicidad y podría esperar lo que hiciera falta para empezar una vida a su lado ¿pero es correcto? No sé qué hacer ni qué pensar. Por favor, aconséjeme, padre.

Querida Anónima Confundida,

Tu pregunta revela mucho de nuestra naturaleza humana. También deja entrever tu amor por Dios, que es sincero pero que ha olvidado un poco lo que es la condición humana. A veces creemos que estamos sólo atraídos hacia el mal, pero la verdad es que el bien nos atrae mucho más.

El seminarista amigo tuyo seguramente es un buen muchacho, que quiere lo que está bien, generoso y deseoso de darse completamente a Dios, y no tan voluble o superficial como otros jóvenes que tú conoces. Y tú estás tratando de ser buena, estás interesada en tu fe, no quieres separarlo de Dios, quieres hacer lo correcto. Obviamente los dos han sido amigos y han pasado tiempo juntos porque se admiran y respetan mutuamente. Pero quizás no habíais caído en la cuenta de la profunda atracción que tendríais el uno sobre el otro. Al inicio quizás habéis pensado que, dado que ambos teníais buenas intenciones, no se seguiría ningún daño a que os vierais. Pero aquí entra la naturaleza humana Ahora os sentís profundamente atraídos y pensáis que estáis enamorados.

Lo que ambos debéis aceptar es que, por vuestra naturaleza humana, si continuáis a cultivar la posibilidad de estar enamorados, probablemente os entusiasmaréis aún más el uno por el otro. Si esto durará o no, realmente no sabría decirlo, pues ambos sois jóvenes y muchas cosas pueden suceder Pero seguramente, si tu amigo quiere ser coherente con el afecto que siente hacia ti, tarde o temprano tendrá que dejar el seminario.

Tu confusión parece brotar de lo siguiente: sospechas que, no obstante los sentimientos que albergáis el uno por el otro, él está llamado a ser sacerdote. Si ambos creéis que él puede tener el llamado al sacerdocio, hay una cosa que tendréis que afrontar aunque pueda ser muy dura: él tiene que plantearse seriamente la pregunta delante de Dios: ¿Me llama o no me llama Dios al sacerdocio? Y tiene que responder a esta pregunta por encima de los sentimientos que tiene por ti, porque estos sentimientos muestran precisamente que él es un chico normal y bueno. (Cualquier seminarista bueno y normal que convive con una chica buena y sana de su edad va a sentir algo especial por ella). Probablemente tendrá que hacer un buen retiro y hablar de esto con mucha franqueza con su director espiritual. Y tú tendrás que hacer la decisión de respetar la conclusión a la que él llegue. Para esto, ambos tendréis que decidir no pasar tiempo juntos ni salir juntos.

Si él ve que efectivamente tiene vocación, tendrá qué decidir si va a seguirla con todas sus fuerzas y mantener su corazón sólo para Dios, o no. Es algo que tiene que hacer para ser honesto con sí mismo, contigo, con Dios y con la Iglesia: tomar una decisión clara y firme. Y si decide seguir a Cristo, tendréis que renunciar a cualquier idea de ser sólo amigos o de salir juntos, pues, como has experimentado, no va a funcionar se repetirá lo mismo.

Si él descubre que no tiene vocación, debería dejar el seminario para no convertirse en alguien que no es ni carne ni pez. En este caso, probablemente querréis seguir siendo amigos y ver qué es lo que Dios tiene reservado para Uds.

Los encomiendo para que María les alcance la fe y la fortaleza para hacer su voluntad.