Somos tu familia: familia y narcotráfico

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A veces pensamos del narcotráfico como algo que sucede en la calle, entre los vendedores de droga. Pocas veces consideramos que también la familia tiene que ver con la problemática del narcotráfico, pues quienes están involucrados en esta realidad no son seres caídos del espacio de modo espontáneo. Todos los que tienen que ver con el narcotráfico están  ligados a una familia, la familia en la que nacieron, la familia en la que viven, la familia que ellos mismos tienen a su cargo. El narcotráfico no es una actividad comercial cualquiera, es una actividad que aunque a corto plazo provea bienes materiales a la propia familia, a un plazo mediano y a un plazo largo es el asesino de la familia a la que uno quisiera cuidar y proteger.

El narcotráfico corrompe a la familia. No solo cuando alguno de los miembros de la familia consume droga, también cuando la familia se convierte en la comercializadora y encubridora de la actividad delictiva. El narcotráfico siembra en la familia males muy serios como el miedo, la agresión, la intolerancia, el rencor, la avaricia, el materialismo, la indiferencia por el dolor y el daño ajeno. Una noticia reciente hacía referencia a una investigación en la que se decía que el narcomenudeo es cada vez más un negocio familiar. Antes, sólo un integrante de la familia se dedicaba a vender drogas, pero actualmente jóvenes, madres, padres y hasta abuelos atienden las narco-tienditas.

Por desgracia las familias ven en el narcomenudeo una forma de poder comprar bienes materiales. La delincuencia que antes desintegraba a las familias, hoy las asocia al quebrantamiento de la ley.

Un cáncer muy serio se introduce en la familia cuando el narcotráfico hace presa en ella. La familia, pasa de ser una unidad de referencia moral a una unidad de promoción de lo inmoral. El problema no es que alguna familia haga el mal, sino que las familias no sean capaces de alejar a sus miembros del mal, o que los promuevan a hacer el mal. Esto debe ser una gran preocupación de toda la sociedad. En este mes de la familia hemos de hacer un reclamo a la conciencia y una llamada a las familias, en especial a las madres de familia para que eviten que los hijos o los esposos se involucren en caminos que los llevarán a destruirse ellos y a destruir a la familia.  

Nuestras familias tienen que ser valientes no someterse al mal, no resignarse ante el mal. Tenemos que decidir por el bien, por la verdad, por la justicia, por la rectitud en la vida social y familiar. No podemos optar por someternos a las modas que nos matan, a las adicciones que nos esclavizan, a los cantos de sirena que adormecen la conciencia y nos hacen ver como bueno lo que sabemos que es malo. Cada familia debe reflexionar con seriedad para tomar la decisión correcta, la decisión de formar a sus hijos en el bien y en la verdad. No podemos pensar que el mal que se provoca con la droga en otros, no acabará destruyendo lo que uno ama