Sonidos del silencio

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Qué bien suena tu voz en el silencio.

Qué lucidez, qué dulzura, que clara.

Remanso de quietud,

invitación a la reflexión,

elocuente decir insinuado,

siempre velado, siempre velado.

Cómo impresiona tu silencio, Señor;

silencio de entrega,

silencio de espera,

silencio de Dios.

Cuánto provecho causa tu silencio…

Vienen a la mente las victorias vividas,

las derrotas sufridas,

las vigilias cansadas,

las alegrías encausadas,

los triunfos conseguidos…

Y la vida: su pasado, su presente

y su futuro…

Y Tú en silencio, pero siempre al lado.

Tú en silencio, mas acompañando.

Tú en silencio; fiel, fiel, fiel; siempre fiel.

¿Cómo no va a estremecerme tu silencio?

¿Cómo no va a ser fuente de cuestionamientos?:

¿a dónde voy, por qué existo,

de dónde vengo y para qué vivo?

Pero en Ti

-¡ay, cómo escucho tus gritos!-

todo esto tiene un sentido.

Señor de la boca callada;

Señor de las palabras tan amplias;

Señor de la voz disimulada;

Señor de cara blanca:

¡luna llena eucarística!

Y si esto me dices en silencio,

qué sería si de la otra forma hablaras.