El suicidio

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

El suicidio
Según el Nuevo Catecismo de la Iglesia
2280 Cada cual es responsable de su vida delante de Dios que se la ha
dado. El sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a
recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la
salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de
la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella.
2281
El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a
conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de
sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente
los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana
con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del
Dios vivo.
2282 Si se comete con intención de servir de
ejemplo, especialmente a los jóvenes, el suicidio adquiere además la
gravedad del escándalo. La cooperación voluntaria al suicidio es
contraria a la ley moral.
Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba,
del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.
2283 No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas
que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que
El sólo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia
ora por las personas que han atentado contra su vida.