La tan esperada iniciación

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La tan esperada iniciación 

Las primeras experiencias sexuales tienden a fijarse en la estructura psíquica y tendrán siempre una marcada influencia, por ejemplo, los traumas infantiles o los provocados de mala fe. Por eso lo más sano es mantenerse alejado de esos problemas. Hay que resistir en los principios de una tentación, porque si no se rechaza al enemigo, éste se fortalece y crece.

El acontecimiento de experimentar la primera relación sexual tiene diferente significado social, emocional y hasta físico en mujeres y varones; sin embargo, se ha comprobado que, en ambos casos, se trata de un evento quelos marca para toda su vida, por lo que se debe enfrentar con la mayor responsabilidad.

La sexualidad posee una singular belleza y riqueza, puede ser lo que más enaltece al hombre y a la mujer, o lo que más los rebaje y humille. Es importante vivir esta experiencia de modo fecundo y creativo, y no adelantarse por curiosidad y estupidez.

Las revistas y las telenovelas muestran el amor como algo vulgar, violento y frívolo (como el noviazgo free) que incitan a la complacencia en pensamientos impuros. Así no se puede tener un concepto elevado del amor humano, que requiere disciplina de los sentidos y de la imaginación , ya que el corazón es la sede de la personalidad moral (CEC 2517).

En la actualidad, los jóvenes se inician en el plano sexual sin contar con la información adecuada y suficiente para evitar posibles dificultades posteriores (como las enfermedades de transmisión sexual o el mal trato). Así que ya sea por moda, impulso, presión de otro, aceptación, ignorancia o baja autoestima, lo que debe ser acto hermoso e inolvidable, el sexual, puede convertirse en suceso traumático.

Pregunta frecuente en el consultorio del psicólogo es ¿cuándo deben iniciarse los hijos en la sexualidad?, a lo que  hay que responder: Cuando estén preparados y pueda asumir un compromiso con responsabilidad y madurez.

A veces, al varón menor (entre 14 y 17 años) se le advierte que debe iniciarse con alguna sexoservidora o prostituta, ya que son ellas quienes con sus “conocimientos en las artes amatorias”, lo guiarán no sólo a disfrutar del acto, sino además a lograr el goce de su pareja, cosa totalmente falsa, pues lo que menos se permite en esta práctica es el diálogo y la comunicación afectiva; entonces, lo que se había soñado como ilusión se convierte en frustrante experiencia para el joven, misma que arrastrará consigo largo tiempo, hasta que logre superarla, si logra vivir la castidad de nuevo. “La castidad nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos” (San Agustín, Confesiones 10, 29; 40).

Por parte de las mujeres deben enfrentar todo tipo de prohibiciones, de otra manera son señaladas como “malas” o “ligeras”, por la sociedad, por sus familiares y seres queridos, lo que fomenta baja estima y sentimiento de poca valía.

Uno de los principales riesgos de lo anterior radica en que la primera relación sexual se tenga fuera de lugar, es decir, no cuando se sienta que se está con la persona exacta y en el momento ideal, sino por presión —en especial por amigos y amigas que ya lo han hecho o dicen que ya lo hicieron—, arriesgándose a ser rechazado o marginado por esos grupos juveniles o pandillas. ¿Quién es la persona exacta? La persona de la que uno está enamorad(a). Y ¿cuál es el lugar? el matrimonio.

La libertad, en todos los campos, debe acompañarse de responsabilidad, y más en el terreno sexual, que puede derivar en una nueva vida. Por eso la verdadera libertad está en tener esas relaciones cuando se tenga estabilidad psíquica, física, económica y emocional.

Buenas señales

Hay ciertos signos de madurez y de haber superado la crisis adolescente:

  • El dominio de sí es una obra que dura toda la vida.
  • Desarrollo de sistema personal de valores humanos.
  • Capacidad de establecer vínculos duraderos de amor con una sola persona.
  • Separación e independencia de los padres, y, a la vez, retorno emocional a los padres como guías u orientadores), sobre bases de respeto e igualdad relativa.

A veces los deseos sexuales llegan con gran fuerza pues tiene sus raíces en el instinto de conservación de la especie, la fuerza de atracción tiene la misma fuerza de la vida. Invita adejarse llevar. Si el ser humano cede, se esclaviza. Lo que es bueno para la vida se puede convertir en veneno mortal. Somos débiles, vulnerables, por eso es sano desconfiar de uno mismo y no dejarse llevar por la presión de los amigos, del ambiente o de la propia pereza. Escribe San Agustín: “Ojalá hubiera habido alguien que me ayudara a salir de mi miseria, alguien que hubiera encauzado mi deseo de amar, que hubiera orientado mi ansiosos deseo de placer para que mis embravecidas olas rompiesen en la playa del matrimonio” (Confesiones).

Los que no están dispuestos a llevar una vida limpia y exigente, no van a ser felices, por eso es tan importante que los obstáculos se vean como retos. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado. No podemos actuar obligados por nada ni por nadie, sino que ha de ser una elección consciente y libre, es decir, movido desde dentro de uno mismo y no bajo la presión del instinto o de una coacción externa.

La castidad representa una tarea eminentemente personal; implica un esfuerzo y un volver a empezar cada vez que se cae. Es también un fruto del trabajo espiritual. No hay cosa más hermosa que una mirada limpia. La mirada limpia se consigue limpiando el alma y guardando la vista. “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón”. ¿De quién son esas palabras? ¡Son durísimas! Son de Jesucristo (cfr. Mateo 5, 28).

“La purificación del corazón es imposible sin la oración, la práctica de la castidad y la pureza de intención y de mirada” (CEC, 2532). Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver una muestra de mutuo respeto. Reservarán para el matrimonio las manifestaciones de ternura  específicas del amor conyugal, precisamente porque se aman.