El tapiz de cada uno. Descubrir el otro lado de la vida

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

El tapiz de cada uno

Descubrir el otro lado de la vida

1) Para saber

Un autor nos cuenta su experiencia de niño que le ayudó para llevar de buena manera cualquier suceso.

Relata que cuando era niño, su madre trabajaba mucho cosiendo. Él se sentaba en el suelo, miraba y preguntaba qué es lo que estaba haciendo. Ella le contestaba que estaba bordando.

Todos los días hacía la misma pregunta y ella le contestaba lo mismo. Como era pequeño, observaba su trabajo de una posición abajo de donde ella se encontraba sentada, y repetía: “Mamá, ¿que es lo que haces? Me parece que todo es muy confuso. Solo veo nudos e hilos de diferentes colores, largos, cortos... pero no entiendo nada”.

Ella sonreía y de manera amable le respondía: “Hijo, sal a jugar, y en cuanto termine mi trabajo yo te llamaré, te tomaré en mis brazos y dejaré que veas el trabajo desde mí posición”.

Pero él seguía preguntándose: “¿Por qué estaba todo tan lleno de nudos y de hilos enredados entre si? ¿Por qué no tenían una forma definida y tardaba tanto en terminar?”

Un día, cuando estaba jugando, ella le llamó. “Hijo, ven aquí, deja que te tome en mis brazos”.

Le tomó y le sorprendió al ver el bordado. “¡No me lo podía creer! ¡Lo que desde abajo parecía tan confuso, ahora desde arriba, se podía ver un paisaje maravilloso en donde cada color y cada hilo adquiría su sentido y belleza.”

Entonces ella le dijo: “Hijo, desde abajo mi bordado te parecía confuso y desordenado porque tú no veías que en la parte de arriba había un bello diseño... Pero, ahora, mirando el bordado desde mí posición, tu ya puedes ver qué es lo que yo he estado haciendo”.

2) Para pensar

Muchas veces nos podemos preguntar por el sentido que tienen tantos sucesos, y nos parecen confusos y desordenados, sinsentido. No entendemos qué está ocurriendo en nuestras vidas. Las cosas no encajan y parece que nada nos sale bien. Sucede que estamos mirando el reverso de la vida. Del otro lado, Dios sigue bordando…

Si preguntáramos a Dios, nos podría responder: “Estoy bordando tú vida, hijo mío”.

“Pero lo veo todo tan confuso... Padre, todo está desordenado. Hay muchos nudos, situaciones difíciles que no terminan y cosas buenas que pasan rápido. Los hilos son tan oscuros... ¿Por qué no son más brillantes?”

El Padre parece decir: “Hijo mío, ocúpate de tú trabajo, relájate... confía en mí. Yo haré mí trabajo. Un día, te llevaré en mis brazos, y entonces verás el plan perfecto de tu vida desde mí posición”.

3) Para vivir

Además de que el Señor va bordando nuestra vida, nosotros podemos contribuir poniendo lo que está de nuestra parte para que ese bordado salga bien.

A san Josemaría le motivaba también la idea de este tapiz que podemos hacer para el Señor. Invitaba a entregarle a Dios a diario nuestro esfuerzo por agradarle en cada cosa que, por lo regular, serán cosas pequeñas, pero que al hacerlas con amor a Dios se vuelven grandes: “Todo aquello en que intervenimos los pobrecitos hombres —hasta la santidad— es un tejido de pequeñas menudencias, que —según la rectitud de intención— pueden formar un tapiz espléndido de heroísmo o de bajeza, de virtudes o de pecados. Las gestas relatan siempre aventuras gigantescas, pero mezcladas con detalles caseros del héroe. —Ojalá tengas siempre en mucho —¡línea recta!— las cosas pequeñas” (Camino, 826).