Tesoros por descubrir

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A Bety le choca que su mamá le diga cada cinco minutos:

Espérate a que te llegue tu turno mi`jita, no te metas a la fila
con trampas... Es mejor que te castiguen en la escuela por no haber
hecho la tarea a que decepciones a tu maestra copiándote
.

Aunque Bety no lo sabe, su mamá está fomentando en ella un hábito
operativo bueno que se llama: justicia. Bety es una niña con muchos
tesoros por descubrir en sí misma, y luego pulirlos. Dos grupos de
ellos son los valores y las virtudes.

El universo de las virtudes

Las virtudes constituyen un auténtico universo, pues todas son muy
útiles. Dentro de este universo uno se puede perder en una compleja
maraña, donde no es fácil encontrar el orden deseado para construir la
propia personalidad.

¿Por dónde empezar?

¡Pues por los cimientos! como en cualquier construcción, con más ganas cuando se trata de construir al hombre. La persona que vive sus valores, los hace costumbre y luego los convierte en virtud.

En cambio, sin valores y principios, no hay forma de construir algo
seguro. El hombre sin principios se deja llevar por la moda, la
demagogia y la manipulación. Tal vez por eso la mamá de Bety le machaca
día tras día, consejos que, a futuro, serán la forma natural de actuar
de su hija.

¿Cuáles son las fundamentales?

Hay una lista enorme, sin embargo, hay cuatro que son la base para
casi todas las demás: las virtudes cardinales. Se llaman así porque son
como la viga de una puerta, sobre el que se apoya toda la vida moral de
una persona, es decir, sobre él se sostienen todas las demás virtudes o
hábitos positivos.

Prudencia

No es el arte de no meterse en problemas, como algunos creen, sino
la habilidad de saber escoger siempre lo mejor para uno mismo.
* A veces por prudencia hay que callar, como cuando se ha descubierto un secreto que puede perjudicar a alguien si se comenta.

* O hay que dejar de hacer algo, por ejemplo cuando alguien sugiere que se robe dinero, al cabo nadie se dará cuenta ahí la prudencia aconsejaría no hacerlo.

* A veces la prudencia pide hablar o aventarse a hacer algo
que puede ser incluso peligroso, como atreverse a denunciar a alguien
que vende drogas, por el gran daño que hace, a pesar del peligro que
implica.

Prudente es quien piensa bien lo que va a decir y hacer, pero una
vez que se ha resuelto, lo lleva a cabo con valentía y determinación.
Prudente es aquel que sabe respetar a los demás, pero lo es también
aquel que sabe hacerse respetar sin ofender a los demás.

Fortaleza

No es violencia o fuerza física, ni machismo, sino la capacidad de
enfrentar todas las dificultades con tal de lograr el fin positivo
(para sí mismo y para los demás) que la persona se ha propuesto.

A veces se necesita sufrir, porque alcanzar grandes metas cuesta
mucho. Fuerte es aquel que sabe soportar y aceptar sus dificultades y
sufrimientos. Podría decirse que la fortaleza equivale a los músculos
del espíritu. La constancia, la perseverancia, la congruencia, son
virtudes que se derivan de ésta.

Justicia

No es buscar el provecho personal, sino la capacidad de reconocer y
respetar los derechos de los demás. Por eso, la justicia exige cumplir
con los propios deberes.

Justo es decir Me equivoqué, ahora que lo pienso, tú tienes la razón... Aunque esto me gusta, te pertenece, tómalo. La sinceridad, la honestidad, el respeto, la servicialidad, son virtudes que nacen de la justicia.

Templanza

Es la capacidad de dominarse, la habilidad de orientar los instintos al servicio de la razón: no hacer lo que quiero, sino lo que es mejor (que a veces es lo mismo, pero a veces no). Esta virtud permite al hombre decir No
a todos los excesos que, a fin de cuentas, destruyen su personalidad y
la vuelvan débil e insegura. La sobriedad, la austeridad, la
moderación, se originan de esta virtud cardinal.