Tiempo de ceniza, tiempo de volver a empezar

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Hoy es miércoles de ceniza una de las fechas más emblemáticas del calendario mexicano. Este día mucha gente se acerca para recibir la ceniza. La tradición de la ceniza tiene que ver con el uso judío como señal de luto y de dolor por alguna desgracia. Hoy usamos la ceniza como símbolo de dolor por aquellas cosas que hemos hecho en nuestra vida en contra de nuestra conciencia, de cara a Dios y de cara al prójimo. La ceniza es un símbolo de que queremos cambiar de vida, ser diferentes, ser mejores. La ceniza simboliza que nosotros solos no podemos serlo. De la misma forma que de la ceniza no puede crecer nada, tampoco de nuestras propias fuerzas puede crecer muchas veces algo bueno. Necesitamos de Dios. Por eso bendecimos la ceniza que nos ponemos sobre la cabeza como símbolo de la presencia de Dios sobre nosotros para sacar de nuestros males, bienes.

La ceniza no es un signo de pesimismo, para crear en nosotros una resignación pasiva frente al destino al contrario, es un signo de esperanza en la poderosa misericordia de Dios que actúa sobre toda nuestra vida sacar de nuestra ceniza un nuevo fuego, una luz para la oscuridad. La ceniza nos habla de la necesidad de no dejarse enredar por el materialismo, de dar a las cosas, necesarias por otro lado, su autentico valor, de dar a la vida su verdadero sentido, que no se acaba en las cenizas de este mundo sino que trasciende la caducidad de la existencia

Hoy comienza la cuaresma, tiempo que desde el siglo III de nuestra era ha ido creciendo para acompañar la preparación de la comunidad cristiana a la vivencia de la muerte y de la resurrección de Jesús. Lo que originalmente eran dos días previos a la Pascua, se convirtió en la cuarentena que replica uno de los números bíblicos por excelencia. Como cuarenta años estuvo el pueblo en el éxodo, como Jesús estuvo cuarenta días en el desierto, así la comunidad cristiana dedica cuarenta días a prepararse para la el misterio pascual. Durante muchos siglos la forma de la cuaresma fue variando, tanto en cuanto al número de días, como en cuanto a las prácticas que se vivían en este periodo. Hoy este tiempo comienza el miércoles de ceniza para poder tener los cuarenta días que se indican en su nombre, (permítanme hacerles los números: seis semanas antes de la pascua, son cuarenta y dos días, menos los domingos que no se consideran días penitenciales, da treinta y seis días, más los cuatro que se añaden desde el miércoles de ceniza al primer domingo de cuaresmo, suman los cuarenta. Hay otros cálculos pero este es el más tradicional).

Durante este tiempo se invita a la comunidad cristiana a vivir con una mayor austeridad, por eso es la normativa del ayuno y de la abstinencia. Ayuno que consiste en comer una sola comida fuerte al día, restringido al miércoles de ceniza y viernes santo. Abstinencia que consiste en no comer carne el miércoles de ceniza y los viernes de cuaresma (aunque puede sustituirse por una buena obra, u otro sacrificio o un momento de oración). Estas prácticas solo tienen sentido si son signos de un cambio de vida, que comienza por el dominio de sí mismo ante las cosas materiales, y por la renuncia personal, para compartir con quien está necesitado. Hoy comienza la cuaresma. Hoy comienza un tiempo para creer que donde había ceniza en la propia vida, hay la posibilidad, apoyados en Dios y en nuestra decisión, de volver a empezar.