En el tiempo de la Iglesia

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CUARTA PARTE
LA ORACIÓN CRISTIANA

PRIMERA SECCIÓN 
LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA

CAPÍTULO PRIMERO
LA REVELACIÓN DE LA ORACIÓN

ARTÍCULO 3
EN EL TIEMPO DE LA IGLESIA

2623 El día de Pentecostés, el Espíritu de la promesa se
derramó sobre los discípulos, "reunidos en un mismo lugar" (Hch 2,
1), que lo esperaban "perseverando en la oración con un mismo
espíritu" (Hch 1, 14). El Espíritu que enseña a la Iglesia y le recuerda
todo lo que Jesús dijo (cf Jn 14, 26), será también quien la formará en la
vida de oración.

2624 En la primera comunidad de Jerusalén, los creyentes
"acudían asiduamente a las enseñanzas de los Apóstoles, a la comunión,
a la fracción del pan y a las oraciones" (Hch 2, 42). Esta secuencia de
actos es típica de la oración de la Iglesia; fundada sobre la fe apostólica y
autentificada por la caridad, se alimenta con la Eucaristía.

2625 Estas oraciones son en primer lugar las que los fieles
escuchan y leen en las Escrituras, pero las actualizan, especialmente las de los
salmos, a partir de su cumplimient o en Cristo (cf Lc 24, 27. 44). El Espíritu
Santo, que recuerda así a Cristo ante su Iglesia orante, conduce a ésta
también hacia la Verdad plena, y suscita nuevas formulaciones que expresarán
el insondable Misterio de Cristo que actúa en la vida, los sacramentos y la
misión de su Iglesia. Estas formulaciones se desarrollan en las grandes
tradiciones litúrgicas y espirituales. Las formas de la oración, tal como las
revelan las Escrituras apostólicas canónicas, siguen siendo normativas para la
oración cristiana.

I La bendición y la adoración

2626 La bendición expresa el movimiento de fondo de la
oración cristiana: es encuentro de Dios con el hombre; en ella, el don de Dios
y la acogida del hombre se convocan y se unen. La oración de bendición es la
respuesta del hombre a los dones de Dios: porque Dios bendice, el corazón del
hombre puede bendecir a su vez a Aquél que es la fuente de toda bendición.

2627 Dos formas fundamentales expresan este movimiento: o bien sube
llevada por el Espíritu Santo, por medio de Cristo hacia el Padre (nosotros le
bendecimos por habernos bendecido; cf Ef 1, 3-14; 2 Co 1, 3-7; 1 P 1, 3-9); o
bien implora la gracia del Espíritu Santo que, por medio de Cristo, desciende
del Padre (es él quien nos bendice; cf 2 Co 13, 13; Rm 15, 5-6. 13; Ef 6,
23-24).

2628 La adoración es la primera actitud del hombre que se
reconoce criatura ante su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha
hecho (cf Sal 95, 1-6) y la omnipotencia del Salvador que nos libera del mal. Es
la acción de humill ar el espíritu ante el "Rey de la gloria" (Sal
14, 9-10) y el silencio respetuoso en presencia de Dios "siempre
mayor" (S. Agustín, Sal. 62, 16). La adoración de Dios tres veces santo y
soberanamente amable nos llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas.

II La oración de petición

2629 El vocabulario neotestamentario sobre la oración de súplica
está lleno de matices: pedir, reclamar, llamar con insistencia, invocar,
clamar, gritar, e incluso "luchar en la oración" (cf Rm 15, 30; Col
4, 12). Pero su forma más habitual, por ser la más espontánea, es la
petición: Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra
relación con Dios: por ser criaturas, no somos ni nuestro propio origen, ni
dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último; pero también, por ser
pecadores, sabemos, como cristianos, que nos apartamos de nuestro Padre. La
petición ya es un retorno hacia El.

2630 El Nuevo Testamento no contiene apenas oraciones de lamentación,
frecuentes en el Antiguo. En adelante, en Cristo resucitado, la oración de la
Iglesia es sostenida por la esperanza, aunque todavía estemos en la espera y
tengamos que convertirnos cada día. La petición cristiana brota de otras
profundidades, de lo que S. Pablo llama el gemido: el de la creación
"que sufre dolores de parto" (Rm 8, 22), el nuestro también en la
espera "del rescate de nuestro cuerpo. Porque nuestra salvación es objeto
de esperanza" (Rm 8, 23-24), y, por último, los "gemidos
inefables" del propio Espíritu Santo que "viene en ayuda de nuestra
flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene" (Rm 8, 26).

2631 La petición de perdón es el primer movimiento de la
oración de petición (cf el publicano: "ten compasión de mí que soy
pecador": Lc 18, 13). Es el comienzo de una oración justa y pura. La
humildad confiada nos devuelve a la luz de la comunión con el Padre y su Hijo
Jesucristo, y de los unos con los otros (cf 1 Jn 1, 7-2, 2): entonces
"cuanto pidamos lo recibimos de El" (1 Jn 3, 22). Tanto la
celebración de la eucaristía como la oración personal comienzan con la
petición de perdón.

2632 La petición cristiana está centrada en el deseo y en la búsqueda
del Reino
que viene, conforme a las enseñanzas de Jesús (cf Mt 6, 10. 33;
Lc 11, 2. 13). Hay una jerarquía en las peticiones: primero el Reino, a
continuación lo que es necesario para acogerlo y para cooperar a su venida.
Esta cooperación con la misión de Cristo y del Espíritu Santo, que es ahora
la de la Iglesia, es objeto de la oración de la comunidad apostólica (cf Hch
6, 6; 13, 3). Es la oración de Pablo, el Apóstol por excelencia, que nos
revela cómo la solicitud divina por todas las Iglesias debe animar la oración
cristiana (cf Rm 10, 1; Ef 1, 16-23; Flp 1, 9-11; Col 1, 3-6; 4, 3-4. 12). Al
orar, todo bautizado trabaja en la Venida del Reino.

2633 Cuando se participa así en el amor salvador de Dios, se
comprende que toda necesidad pueda convertirse en objeto de petición.
Cristo, que ha asumido todo para rescatar todo, es glorificado por las
peticiones que ofrecemos al Padre en su Nombre (cf Jn 14, 13). Con esta
seguridad, Santiago (cf St 1, 5-8) y Pablo nos exhortan a orar en toda
ocasión
(cf Ef 5, 20; Flp 4, 6-7; Col 3, 16-17; 1 Ts 5, 17-18).

III La oración de intercesión

2634 La intercesión es una oración de petición que nos conforma muy
de cerca con la oración de Jesús. El es el único intercesor ante el Padre en
favor de todos los hombres, de los pecadores en particular (cf Rm 8, 34; 1 Jn 2,
1; 1 Tm 2. 5-8). Es capaz de "salvar perfectamente a los que por él se
llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor" (Hb
7, 25). El propio Espíritu Santo "intercede por nosotros... y su
intercesión a favor de los santos es según Dios" (Rm 8, 26-27).

2635 Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio
de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia,
la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la
comunión de los santos. En la intercesión, el que ora busca "no su propio
interés sino el de los demás" (Flp 2, 4), hasta rogar por los que le
hacen mal (recuérdese a Esteban rogando por sus verdugos, como Jesús: cf Hch
7, 60; Lc 23, 28. 34).

2636 Las primeras comunidades cristianas vivieron intensamente esta
forma de participación (cf Hch 12, 5; 20, 36; 21, 5; 2 Co 9, 14). El Apóstol
Pablo les hace participar así en su ministerio del Evangelio (cf Ef 6, 18-20;
Col 4, 3-4; 1 Ts 5, 25); él intercede también por ellas (cf 2 Ts 1, 11; Col 1,
3; Flp 1, 3-4). La intercesión de los cristianos no conoce fronteras: "por
todos los hombres, por todos los constituídos en autoridad" (1 Tm 2, 1),
por los perseguidores (cf Rm 12, 14), por la salvación de los que rechazan el
Evangelio (cf Rm 10, 1).

IV La oración de acción
de gracias

2637 La acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia que,
al celebrar la Eucaristía, manifiesta y se convierte más en lo que ella es. En
efecto, en la obra de salvación, Cristo libera a la creación del pecado y de
la muerte para consagrarla de nuevo y devolverla al Padre, para su gloria. La
acción de gracias de los miembros del Cuerpo participa de la de su Cabeza.

2638 Al igual que en la oración de petición, todo acontecimiento y
toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias. Las cartas
de San Pablo comienzan y terminan frecuentemente con una acción de gracias, y
el Señor Jesús siempre está presente en ella. "En todo dad gracias, pues
esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros" (1 Ts 5, 18).
"Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de
gracias" (Col 4, 2).

V La oración de alabanza

2639 La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa
que Dios es Dios. Le canta por El mismo, le da gloria no por lo que hace sino
por lo que El es. Participa en la bienaventuranza de los corazones puros que le
aman en la fe antes de verle en la Gloria. Mediante ella, el Espíritu se une a
nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios (cf. Rm 8, 16),
da testimonio del Hijo único en quien somos adoptados y por quien glorificamos
al Padre. La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia
Aquél que es su fuente y su término: "un solo Dios, el Padre, del cual
proceden todas las cosas y por el cual somos nosotros" (1 Co 8, 6).

2640 San Lucas menciona con frecuencia en su Evangelio la admiración
y la alabanza ante las maravillas de Cristo, y las subraya también respecto a
las acciones del Espíritu Santo que son los hechos de los apóstoles : la
comunidad de Jerusalén (cf Hch 2, 47), el tullido curado por Pedro y Juan (cf
Hch 3, 9), la muchedumbre que glorificaba a Dios por ello (cf Hch 4, 21), y los
gentiles de Pisidia que "se alegraron y se pusieron a glorificar la Palabra
del Señor" (Hch 13, 48).

2641 "Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos
inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor" (Ef 5, 19;
Col 3, 16). Como los autores inspirados del Nuevo Testamento, las primeras
comunidades cristianas releen el libro de los Salmos cantando en él el Misterio
de Cristo. En la novedad del Espíritu, componen también himnos y cánticos a
partir del acontecimiento inaudito que Dios ha realizado en su Hijo: su
encarnación, su muerte vencedora de la muerte, su resurrección y su ascensión
a su derecha (cf Flp 2, 6-11; Col 1, 15-20; Ef 5, 14; 1 Tm 3, 16; 6, 15-16; 2 Tm
2, 11-13). De esta "maravilla" de toda la Economía de la salvación
brota la doxología, la alabanza a Dios (cf Ef 1, 3-14; Rm 16, 25-27; Ef 3,
20-21; Judas 24-25).

2642 La revelación "de lo que ha de suceder pronto", el
Apocalip sis, está sostenida por los cánticos de la liturgia celestial (cf Ap
4, 8-11; 5, 9-14; 7, 10-12) y también por la intercesión de los
"testigos" (mártires: Ap 6, 10). Los profetas y los santos, todos los
que fueron degollados en la tierra por dar testimonio de Jesús (cf Ap 18, 24),
la muchedumbre inmensa de los que, venidos de la gran tribulación nos han
precedido en el Reino, cantan la alabanza de gloria de Aquél que se sienta en
el trono y del Cordero (cf Ap 19, 1-8). En comunión con ellos, la Iglesia
terrestre canta también estos cánticos, en la fe y la prueba. La fe, en la
petición y la intercesión, espera contra toda esperanza y da gracias al
"Padre de las luces de quien desciende todo don excelente" (St 1, 17).
La fe es así una pura alabanza.

2643 La Eucaristía contiene y expresa todas las formas de oración:
es la "ofrenda pura" de todo el Cuerpo de Cristo "a la gloria de
su Nombre" (cf Ml 1, 11); es, según las tradiciones de Oriente y de
Occidente, "el sacrificio de alabanza".

Resumen

2644 El Espíritu Santo que enseña a la Iglesia y le recuerda todo
lo que Jesús dijo, la educa también en la vida de oración, suscitando
expresiones que se renuevan dentro de unas formas permanentes de orar:
bendición, petición, intercesión, acción de gracias y alabanza.

2645 Porque Dios bendice al hombre, su corazón puede bendecir, a
su vez, a Aquel que es la fuente de toda bendición.

2646 La oración de petición tiene por objeto el perdón, la
búsqueda del Reino y cualquier necesidad verdadera.

2647 La oración de intercesión consiste en una petición en favor
de otro. No conoce fronteras y se extiende hasta los enemigos.

2648 Toda alegría y toda pena, todo acontecimiento y toda
necesidad pueden ser materia de la acción de gracias que, participando en la de
Cristo, debe llenar toda la vida: "En todo dad gracias" (1 Ts 5, 18).

2649 La oración de alabanza, totalmente desinteresada, se dirige a
Dios; canta para El y le da gloria no sólo por lo que ha hecho sino porque él
es
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