Todos somos Iglesia. Un compromiso de todos.

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1) Para saber

El Papa recuerda que la Iglesia, estando al servicio de Dios, está también al servicio del mundo en términos de amor y verdad. Y recordaba dos grandes verdades que su antecesor Pablo VI anunciaba: La primera es que toda la Iglesia, en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre. Tiene un papel público que no se agota en sus actividades de asistencia o educación, sino que manifiesta toda su propia capacidad de servicio a la promoción del hombre y la fraternidad universal (cfr. Caridad en la verdad, n.10).

Recordemos que todo bautizado es parte de la Iglesia, no podemos pensar que lo que el Papa dice es sólo para la jerarquía y no para todo fiel y, de hecho, lo es para todo ser humano.

“La segunda verdad es que el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones”. Es preciso tener en cuenta todas sus características de la persona, donde su meta hacia una vida eterna es un aspecto imprescindible. Y por ello es necesario que el hombre viva la caridad: tanto para su propia perfección, como para la de los demás.

2) Para pensar

Jorge Washington, el primer presidente de los Estados Unidos, envió una circular a los gobernadores de todos los estados, en junio de 1873. Vale la pena recordar el final de su carta: “Mi oración más sincera a Dios es que os bendiga y que tenga vuestro Estado bajo su protección. Que él se digne inclinar el espíritu de los ciudadanos a la subordinación y obediencia al gobierno, y despertar un sentimiento de amor fraternal de los unos hacia los otros y, en particular para sus hermanos que han peleado en los campos de batalla; y finalmente, que su gracia nos mueva a todos a hacer justicia, a amar la misericordia y a conducimos con esa claridad, mansedumbre y templanza que caracterizan al Divino Autor de nuestra bendita religión, pues sin imitarlo con humildad nunca podremos esperar que la nación sea feliz.”

Esos deseos habrían de ser principios para el buen gobierno de los países. Pero no se puede desear que sólo el Gobierno o quienes ejercen la autoridad lo ejerciten, para incorporarlos en el mundo, es preciso empezar por uno mismo.

3) Para vivir

Comenta el Papa el bien tan grande que hacen las instituciones dedicadas a la atención de los necesitados, practicando de este modo la caridad. Sin embargo, también señala, no basta con esas instituciones que otorgan caridad, pues vivir el amor es una vocación que tiene todo hombre. 

El desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos. Este desarrollo exige, además, una visión trascendente de la persona, necesita a Dios: sin Él, o se niega el desarrollo, o se le deja únicamente en manos del hombre, que cede a la presunción de la auto-salvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado.

Sólo el encuentro con Dios permite que reconozcamos en los demás la imagen divina, llegando así madurar un amor que «es ocuparse del otro y preocuparse por el otro» (Caridad en la verdad, n. 11).