Las torceduras pro-aborto de Carlos Monsiváis

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Este Carlos Monsiváis, en sus posiciones a favor de la cultura de la muerte, es decir del aborto, está que da pena, ni idea tiene de lo que escribió para el Congreso de Guanajuato sobre la llamada ley antiaborto guanajuatense. Veamos.

De acuerdo con la nota de El Universal, Monsiváis escribió que “la derecha” quiere fiscalizarlo todo, y que su campaña contra la despenalización del aborto es porque desemboca en la ampliación del Estado laico, que se da a partir de las exigencias de la bioética y los derechos ocultos de minorías y mayorías, pospuestos o cancelados hasta ahora.

Mal, muy mal su discurso. Primeramente, despenalizar el aborto no es asunto del Estado laico, no encontrará algún libro de texto sobre teoría del Estado que lo apoye.

El señor Monsiváis no ha entendido, porque presumo que no ha querido leer, la posición a favor de la cultura de la vida de quienes él etiqueta como “la derecha”. La posición cristiana –que no es “la derecha”-, en contra del aborto es, ojalá lo aprenda algún día, la defensa del derecho humano primigenio, del que derivan todos los demás, el derecho a la vida.

Neciamente, los proabortistas como Monsiváis no han podido asimilar la verdad de a kilo de que la vida humana empieza con la concepción, y que ese nuevo ser es una persona humana con todos sus derechos. La evidencia médica, científica, al respecto es abrumadora. Mientras médicos destacados afirman esa verdad, no aparecen voces, con o sin una base científica, para demostrar, sí, demostrar, que el ser humano empieza a existir con esos derechos en algún momento posterior a la concepción; si les parece, por ejemplo, tras doce semanas de concebido.

La posición antiabortista, la pro-vida, es la defensa de los derechos humanos; ni siquiera requiere una justificación, que la tiene, religiosa. Pero esta argumentación, repetida ad nauseam por quienes defienden la cultura de la vida, es sistemáticamente ignorada por los proabortistas.

Escribió Monsiváis –su texto fue leído por un tercero-, y cito a El Universal, que la lucha del Partido Acción Nacional (PAN) contra la despenalización del aborto, con apoyo del Partido Revolucionario Institucional (PRI), sólo ha tenido un éxito legislativo que no significa gran cosa, pues desde el punto de vista de la sociedad hay una despenalización moral expresa.

Esto no es verdad, en general la población sigue considerando que abortar en un acto maligno, ya no digamos pecado, y que se lleva a cabo como un mal menor. Quienes, ignorando la evidencia médica y la auténtica bioética, están a favor del aborto, sin considerar ninguna responsabilidad moral, son una minoría.

Se equivoca también Monsiváis cuando dice que negar a las mujeres violadas el supuesto “derecho” a abortar implica el regreso a concepciones medievales. No, la posición proaborto es la verdaderamente retrógrada, más allá del medioevo y hasta la era cavernaria, en donde estaba por verse el derecho a la vida.

Tras la demostración científica de que el momento de la concepción es el inicio de la vida de una persona distinta de la madre, que tiene en su información genética o ADN la misma que tendrá hasta su muerte, la oposición al aborto provocado es precisamente la actual, no la retrógrada. ¿Aprenderán Monsiváis y demás abortistas esta verdad? No parece.

Escribió también Monsiváis que el tema del aborto ya es uno más, que no un tópico prohibido, y que con ello prueba el fracaso cultural de quienes etiqueta como la derecha, y que ésta no entiende las limitaciones del mero triunfo legislativo. No es tampoco cierto. El tema del aborto ha estado presente desde muchas generaciones atrás. No es nada nuevo ni limita “el triunfo legislativo”.

Hugo Gutiérrez Vega y Martha Lucía Micher Camarena, directora del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal hablaron también por hablar, pues se evidencia su falta de información sobre el tema del aborto provocado.

El poeta Hugo Gutiérrez Vega, quien tampoco asistió, insistió en lo mismo: que oponerse a la despenalización del aborto es un retroceso histórico, una falta de respeto a la capacidad de decisión de las mujeres y un ataque al Estado laico. También totalmente perdido está. Defender la vida es un avance histórico, no un retroceso. Dar a las mujeres el “derecho” a matar a un hijo nonato en sus entrañas, es un crimen, un “retroceso histórico”. ¿Quién tiene derecho a decidir matar a otra persona, aunque esté en su vientre? Nadie. ¿Ataque al Estado lacio? No tiene sentido.

Por su parte, Micher Camarena dijo que un Estado que penaliza el aborto sacrifica la vida de las mujeres embarazadas, las deshumaniza, que atenta contra su carácter de personas y las confunde con un simple vehículo de desarrollo molecular. Al contrario, decidir y llevar a cabo la destrucción de la vida de un bebé nonato, es lo gravemente inhumano, y este crimen sí atenta contra su carácter de persona, es rebajarse al nivel de las bestias. Negar que el ser que crece en el vientre de la mujer no es un ser humano en cambio, sí es confundir a la mujer con “un simple vehículo de desarrollo molecular”.

Contrariamente a su afirmación de que si los diputados locales aprueban la iniciativa presentada por Fernando Urbiola Ledesma estarán violando tratados internacionales en materia de derechos humanos, la realidad es exactamente la contraria. Evidentemente no ha leído esos tratados o ha torcido su claro sentido en defensa de los niños nonatos. Matar a un niño no nacido para posiblemente salvar la vida de una mujer es ver el mundo ético y legal al revés.