Un año para redescubrir la grandeza del sacerdocio

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¿Cree usted en la Iglesia? Si es así, tenemos una adivinanza para usted: ¿quién es la persona capaz de hacer presente a Cristo en la tierra como hace dos mil años, al repetir las palabras que pronunció en la Última Cena? ¿Quién es esta persona que puede perdonar los pecados en el mismo nombre de Dios? ¿Quién puede actuar en la persona de Cristo? Hay alguien así, y usted sabe quién es: el sacerdote

A pesar de la grandeza de su ministerio, la vida del sacerdote es hoy quizá más difícil que nunca. En una sociedad consumista, su vida de pobreza es incomprendida; en una cultura hedonista, es ridiculizado por consagrar totalmente su corazón a Dios en el celibato; en un mundo relativista, en el que todo es posible y cada quien se erige en juez y señor del propio destino, abraza en la obediencia el camino para seguir la llamada de Jesús. Y en países donde los cristianos son minoría, la situación es más dramática: su misma identidad se convierte en amenaza de muerte, como sucede en Iraq, en la India y en otros rincones del planeta.
Pero lo realmente duro para el sacerdote no es sólo el martirio, o la ridiculización permanente en los medios de comunicación, o el ser utilizado políticamente en una campaña como ejemplo de esa xenofobia de la que los presbíteros son los primeros antídotos y enemigos. Lo difícil es que esa mentalidad va penetrando incluso entre los que se dicen católicos y, poco a poco, dejan de comprender esta vocación, reduciéndola a la visión de un profesional que, para ganarse un sueldo, celebra misas, matrimonios y bautizos...
Consciente de esta realidad, y teniendo también en cuenta los escándalos de unos cuantos sacerdotes que dramáticamente han salpicado la imagen de los más de cuatrocientos mil presbíteros de todo el mundo. Benedicto XVI ha lanzado una iniciativa que puede tener una fuerza renovadora en la Iglesia muy superior a un Sínodo mundial: el Año Sacerdotal.

Amor de la Iglesia al sacerdote

Este Año comenzará mañana, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, Jornada de Santificación Sacerdotal, y tiene lugar con motivo del 150 aniversario de la muerte de san Juan María Vianney, el Cura de Ars (1786-1859), Patrono del clero secular. De hecho, en la inauguración, que será presidida por Benedicto XVI en la basílica de San Pedro del Vaticano, estarán presentes las reliquias de este presbítero francés. El lema de estos doce meses será: Fidelidad de Cristo; fidelidad del sacerdote.
El Papa tiene muchas esperanzas para este Año, y ha hablado de ellas en varios encuentros públicos. El pasado domingo, por ejemplo, al dirigirse a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, decía: «Que este nuevo Año Jubilar constituya una ocasión propicia para profundizar en el valor y la importancia de la misión sacerdotal y para pedir al Señor que le dé a su Iglesia el don de numerosos y santos sacerdotes».
El Santo Padre ha encomendado a la Congregación para el Clero la animación de este Año, que se clausurará el 19 de junio de 2010 con un Encuentro mundial sacerdotal en la plaza de San Pedro, un acto con poquísimos precedentes en la Historia. Durante este Año Jubilar, está prevista la publicación de un Directorio para los confesores y directores espirituales y una antología de textos del Pontífice sobre los temas esenciales de la vida y de la misión sacerdotal hoy. La Congregación vaticana promoverá, además, Ejercicios espirituales y otras actividades.
Ahora bien, el secreto del Año Sacerdotal está en que sea vivido por las comunidades locales, por cada parroquia, en torno a sus sacerdotes. Por este motivo, como ha explicado a Alfa y Omega el Secretario de la Congregación para el Clero, el arzobispo italiano monseñor Mauro Piacenza, es vital que las diócesis y las parroquias impulsen iniciativas de profundización y celebración para demostrar a los sacerdotes que «la Iglesia los ama».

Adopta, con la oración, a un sacerdote

En este sentido, la Congregación para el Clero está promoviendo una iniciativa que podrá resumirse de manera simplista, con la fórmula: Adopta un sacerdote. En realidad, busca promover la oración y la adoración ante el Santísimo Sacramento de la Eucaristía por parte de los presbíteros. En algunas diócesis, donde se ha realizado esta iniciativa en los últimos dos años, han empezado incluso a surgir vocaciones al sacerdocio entre jóvenes que participan en estos encuentros de oración. Esta maternidad espiritual de sacerdotes la está promoviendo la Santa Sede de manera particular entre las mujeres consagradas en la vida contemplativa, conscientes de que, detrás de un buen sacerdote, en la Historia, siempre ha habido mujeres que han rezado por su santidad.
En realidad, como explica monseñor Piacenza, de este Año depende el futuro de la Iglesia: «Es urgente y necesario en este tiempo recordar, tanto a los sacerdotes como al pueblo de Dios, la belleza, la importancia, el carácter indispensable del ministerio sacerdotal en la Iglesia para la salvación de la almas. Debemos prestar más atención a la santidad de los clérigos. El carácter específico e integral de su ministerio significa, en el fondo, atender toda la obra de evangelización. Ha llegado la hora de darse cuenta de esto, y todos deberíamos reparar en ello. Entre otras cosas, sólo habrá buenos laicos y buenos obispos si hay buenos sacerdotes».
Monseñor Piacenza explica que, por este motivo, no se trata sólo de un Año de los sacerdotes, sino un Año de toda la Iglesia: «Cada uno de sus miembros -concluye- debe sentirse llamado a redescubrir, a la luz de su propia misión, la grandeza del don que el Señor ha querido dejar con el ministerio sacerdotal. Todos los laicos deben darse cuenta de que, con el don del sacerdocio, se les deja la frescura de la presencia de Cristo: no es un recuerdo de Cristo, sino una presencia actual, gracias a la Eucaristía».
Jesús Colina. Roma