Un beato de la simpatía papal

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“A través de sombras e imágenes a la verdad”

Epitafio del Cardenal Newman

El próximo 19 de septiembre en Birmingham será beatificado por Benedicto XVI el Venerable John Henry Newman, figura emblemática del movimiento de Oxford durante el s. XIX y paradigma de los conversos ingleses, que volvieron a la Iglesia Católica a través de un intenso, y por qué no decirlo, doloroso proceso intelectual.

Al beatificar a una persona la Iglesia sostiene implícitamente dos afirmaciones en apariencia contradictorias: que el beatificado se trata de alguien del pasado y que de alguna forma sigue estando presente en la vida de la Iglesia, en la creencia popular, en la huella que ha dejado. Newman es uno de esos hombres que si bien fueron decimonónicos, por el tiempo que les tocó vivir, fue profético, porque sigue estando vivamente presente en el debate intelectual contemporáneo.

En efecto, en Newman se observa existencialmente  el periplo que conduce de la fe a la razón, para volver a la fe renovándola; en Newman aparece la razón vivamente enraizada en su dimensión histórica. Historia y tradición, razón y conciencia son los binomios que empujarán, casi obligarán al profesor de Oxford a llegar a la plenitud de comunión con la Iglesia Católica; el paso será finalmente una exigencia de coherencia y honradez intelectual, y le supondrá dolorosos sacrificios: renunciar a la posición acomodada de que gozaba y sufrir el silencio y la espalda de muchos de sus antiguos colegas y amigos. Además, para que la conversión sea profunda y no emotiva o superficial, Newman sufrió también bastante por parte de sus nuevos correligionarios, que desconfiaban de la sinceridad de su conversión y  de su excesivo “progresismo” o “liberalismo”. 

Newman siempre obediente, y haciendo gala de saber esperar y confiar en la Iglesia, era consciente sin embargo de que “la novedad es frecuentemente un error en los espíritus que no están preparados para recibirla”. Sin embargo, no era un fatuo o superficial buscador de novedades y notoriedad, se trataba de un diligente buscador de la verdad. No se la encontró de casualidad, el clima que vivía previo a su conversión era de cuatro horas y media de oración y nueve de estudio diario. Al mismo tiempo, nunca consideró que había llegado “exclusivamente” a un Dios puramente racional (como el “Motor inmóvil” aristotélico), sino a un Dios personal que se le develaba en el interior de su conciencia y le empujaba a una vida moral recta.

Tal vez todo lo anterior explique la simpatía que Benedicto XVI tiene por este nuevo beato. No es una mera suposición, baste pensar que al comenzar su pontificado ha seguido por norma habitual de conducta el delegar las beatificaciones, a diferencia de Juan Pablo II, que procuraba encargarse personalmente de ellas. La razón es obvia: dada su avanzada edad, el gran número de beatificaciones –que son signo de esperanza y consuelo en la Iglesia: sigue habiendo santidad en Ella- y el hecho de que el culto de los beatos suele ser local, vinculado a la comunidad donde desarrollan su existencia –lo que implicaría muchos viajes en un papa octogenario-, lo más prudente es delegar este gustoso deber. Sin embargo con Newman ha querido hacer una excepción, que a la postre no resulta sencilla: va a beatificarlo en Gran Bretaña, país caracterizado por su animadversión al sucesor de Pedro y particularmente a él. Cabe decir, que en ello coincide con Newman, pues sufrió numerosas críticas y ataques en el seno de su país –Inglaterra- lo que le llevó a escribir su formidable “Apologia pro vita sua”.

Si pensamos además en el lema de Benedicto XVI: “Cooperatores veritatis”, y en lo que ha constituido tal vez la batalla más ardua y profunda de su pontificado: mostrar la armonía y compatibilidad entre fe y razón, aparece patentemente su parentesco espiritual. En el fondo están peleando la misma batalla a 150 años de distancia. Benedicto XVI quiere ayudar a que el hombre no abdique de su capacidad de verdad, a que se deje cautivar por ella buscándola, con todas las fuerzas de su fe y su razón como otrora hiciera el propio Newman.

Además Newman luchó, sea como rector de la Universidad Católica de Dublín o como director del Oratorio de Birmingham en formar profundamente a los católicos, para que estuvieran a la altura intelectual de las circunstancias y supieran defender la fe, al tiempo que mostraban su atractivo con argumentos racionales y una vida coherente. Podemos pensar que no es otro el deseo que mueve ahora a Benedicto XVI, y ello le ha llevado a acudir personalmente a Inglaterra para proponer como modelo vivo para los católicos a John Henry Newman.