Un libro para Navidad

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El tiempo de Navidad frecuentemente coincide con un periodo vacacional, más o menos extenso -según sea uno estudiante o profesionista- y está amenizado por multitud de eventos sociales. Es necesario hacer un esfuerzo para no perder el sentido original y profundo de la fiesta, que atañe a la dimensión más hondamente espiritual del hombre. El espíritu, sin embargo, no sólo se alimenta de rezos –aunque también-, y la fe no se enriquece únicamente con plegarias y ceremonias; ambos necesitan nutrirse de la razón: ideas que alimenten el alma y ayuden a profundizar en la fe, fundamentándola, dándole mayor consistencia. Por ello, este tiempo vacacional bien puede ser recreado con una lectura rica en contenidos, que ahuyente además el fantasma del ocio –en el sentido de vagancia y aburrimiento- que tantos estragos suele provocar en las almas.
En esta ocasión sugiero uno, de reciente aparición, con una especial motivación afectiva que induce a su lectura: la reciente biografía aparecida para el gran público hispanoparlante sobre Benedicto XVI. Puede parecer prematura: gracias a Dios Benedicto XVI está aún con vida y puede darnos todavía muchísimas cosas que pensar con su actividad y magisterio. Es verdad, pero también lo es que acaso ha sido un Papa bastante maltratado e incomprendido por lo medios; es muy útil -por no decir necesario- que no nos quedemos con la imagen superficial, cuando no falaz que nos transmiten, sino que ahondemos con fundamento en su figura, por lo demás atractiva. El reciente texto cubre de sobremanera dicha laguna: BLANCO SARTO, Pablo, Benedicto XVI el Papa Alemán, Planeta, Barcelona 2010, pp. 606.
No tiene carácter polémico ni apologético; sin embargo Blanco consigue subsanar la conspiración del silencio, cuando no la desinformación que gira en torno al pontífice, y ello de una manera ligera, amable, periodística y consistentemente documentada. Representa un considerable esfuerzo para hacer asequible al gran público latino a un hombre profundamente centroeuropeo, con todo lo que ello implica. El autor se sumerge ampliamente en el mundo, la cultura y el pensamiento germano, para presentarnos lo más familiar y fidedignamente al Papa. De hecho, las primeras 60 o 70 páginas del texto ponen un poco a prueba la paciencia del lector ávido de sucesos, hechos y anécdotas, porque constituye una auténtica propedéutica al pensamiento alemán en el que se mueve el Papa. Consigue hacerlo sin academicismos, ni detalles farragosos o efectistas, mostrando la interesante y a la vez profunda cadencia del pensamiento y la cultura alemanas de los dos últimos siglos.
Blanco acierta al presentarnos el contexto en el que se forja el pensamiento de Benedicto XVI, porque el Papa para comprenderse mejor debe analizarse por dentro: sus acciones no son fruto del acaso, de la premura, de la simple vitalidad, sino que son resultado de una profunda vivencia interior. Comprender a Benedicto XVI, lo que hace, lo que dice, es francamente imposible sin acceder a su pensamiento. Las obras del Papa, sus palabras, han sido antes profundamente meditadas, estudiadas; en su vida no existe demasiado margen para la improvisación, y prácticamente ninguno a la imprecisión (en esto difiere notablemente de nuestro carácter latino, y por lo mismo no sobra la introducción al contexto germano). Blanco escoge la senda adecuada al mostrarnos la génesis en la que se forma ese pensamiento y que cristaliza después en sendas decisiones de gobierno o en acabados discursos, textos u homilías.
Es interesante analizar la figura de un Papa Teólogo, de un Pontífice pensador. No es un hombre fraguado en la Pastoral (como si lo era Juan Pablo II), o un hombre experto en política vaticana (como lo fue Pablo VI), su contexto es más bien diverso, y a decir verdad novedoso para encarnar el papado. Sobra cualquier cálculo de índole política u oportunista; es bonito ver como el Espíritu Santo, para dirigir a su Iglesia en el presente contexto histórico, “prefiere” (por decirlo así) a un teólogo al frente de Ella. A un hombre de fe profunda (como la de un niño, sugiere Blanco) pero dotado de una aguda razón y capacidad argumentativa.
El recorrido intelectual del Papa tiene unos derroteros sugerentes y atractivos. Lo que pudieran parecer fuertes “bandazos” (invito al lector que los descubra por su cuenta, no es posible ofrecerlos en este reducido espacio) tiene en realidad una lógica de fondo y goza de profunda unidad, enriquecida con la experiencia y la madurez del pensamiento. En fin, es sencillamente deliciosa la presentación que hace de los textos generados en el presente pontificado, así como la esperanzada visión de los duros problemas a los que ha tenido que hacer frente, contando siempre con una desarmante confianza en la Providencia divina, que sabe sacar miel de lo amargo, bien del mal. Blanco nos presenta a un Papa que irradia paz en medio de la tormenta, fruto de una fe sencilla y una razón penetrante, cuya norma de conducta es la paciencia: sabe esperar.