Un mundo raro

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Está a punto de dar inicio un nuevo ciclo escolar y Juanito ya lleva dos semanas de que observa a su mamá como si algo gordo fuera a suceder en la vida de familia.

Durante este tiempo la ha visto comportarse de manera inusual.
Corre de un lado para otro con una larga lista - tanto de libros como
de útiles escolares - en su mano y trata de conseguirlos todos. Hasta
se pone nerviosa cuando le dicen en la librería que no tienen tal o
cual material.

Además Juanito la escucha hablar con sus amigas cuando dice: ¿En
cuál escuela están tus hijos? Fíjate que ya Juanito entra en septiembre
a primer grado...¡por fin podré descansar durante la mañana!
A veces la señora se molesta cuando Juanito comete alguna travesura y le dice en tono amenazador: pero vas a ver ahora que entres a la escuela, la maestra sí que te va a regañar, ¡ya verás!

Con toda esta serie de conductas, hasta la mente de Juanito llegan
- y después ni quién pueda quitarlos - mensajes como los siguientes: Mi
mamá está ansiosa de que me vaya a la escuela para poder descansar. A
la escuela voy a ir para que me regañen. Tengo un miedo terrible de ir
a la escuela, pero no puedo llorar porque mis papás me dejan de querer.
¿No se da cuenta mi mamá de que yo quiero estar con ella?, ¿por qué me
lleva a donde yo no quiero ir? ¿Y si me deja allá, yo qué voy a hacer?

Compañeros del mismo dolor

Al igual que Juanito, miles de niños en toda la República están a
punto de asistir a un plantel educativo y este cambio en sus vidas les
trae cierta inquietud que demostrarán a todo pulmón el primer día de clases.

Los niños que no han sido preparados debidamente para ingresar a
clases o los que incluso han sido asustados por sus mayores, se
enfrentarán a un innecesario sufrimiento el primer día de clases,
cuando en realidad debieran asistir con gusto a toda una feria de la sociabilización y del aprendizaje: la escuela.

Tarde o temprano se les presenta a los niños el momento de cortar
esa dependencia con la mamá y enfrentarse ¡solos! durante tres o seis
horas, a ese mundo raro rodeado de adultos desconocidos y otros
niños que no les permitirán ser el único centro de atracción como hasta
ahora lo han sido en su familia.

De pronto el niño se encuentra rodeado de reglas por cumplir y
tratando de ubicarse en esa nueva realidad que - créame - suena
sencilla pero realmente ¡no lo es!

Algunos de los puntos que habría que tomar en consideración para
hacer más fácil el encuentro de nuestros hijos con ese ambiente nuevo
podrían ser los siguientes:

1.- ¿Es la primera vez que el pequeño se va a socializar fuera de casa?

En primer lugar, platíquele con entusiasmo acerca de las nuevas
actividades que realizará junto con los otros niños. Luego, pasados
unos días, asegúrese de que su niño haga amistad con otros
compañeritos, para lograrlo, invite amiguitos a su casa, de esta manera
irá aprendiendo a compartir.

2.- ¿Qué hacer con el niño que pasa de un jardín de niños a toda una señora escuela?

Hay que presentarle el cambio como una nueva experiencia que ha
logrado por sí mismo. Por ejemplo hágale sentir que terminar el jardín
de niños es un mérito tan importante que se ha ganado el ingresar a la escuela a donde van los niños mayores. Eso podrá motivarlo en determinado momento.

Los papás deben brindarle confianza, alabar sus actitudes
positivas, como por ejemplo cuando se muestre independiente, al
vestirse solo, al ayudar a sus hermanos o al controlar su actitud
cuando está molesto.

3.- ¿Qué hacer con el niño que llega a su nuevo colegio por cambio de domicilio, ciudad o hasta país?

A estos niños, que han sufrido un cambio radical, hay que darles
una especial atención. Sus papás deben mantener enterados a los
directores y maestros de que su niño es nuevo y que ha dejado
lo que constituye para él parte de su vida: amigos, costumbres, etc. De
ésta manera los maestros conocerán de antemano si el niño viene de
algún lugar en especial donde el sistema educativo es diferente, para
que lo ayuden a socializar con los demás compañeros y éstos le puedan
dar un recibimiento especial que le haga sentirse más relajado y que
así disminuyan sus temores.