Un Nuevo Género…animales.… ¿pensantes?

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

 

Los seres humanos no pueden ser tratados al igual que los animales, decretándoles la muerte por razones subjetivas personales o,  experimentando en  ellos  como “conejillos de indias” sin tomar en cuenta que la persona humana, léase “genero humano”, en toda la amplitud que la palabra connota, no son sólo cuerpo y alma, sino mucho más, pues representa valores, motivaciones, sentimientos que no existen en las demás especies vivientes, la persona humana es la unidad integral de cuerpo y alma. El método experimental depende del reduccionismo metodológico, o sea, se funda en los aspectos empíricos de lo cuantitativo  y verificable numéricamente , y cuando se trata del ser humano esto va mucho más allá; pudiendo deducir de aquí, que todo “decreto de muerte” o experimentación médica que se enfoqué hacia la “muerte asistida” o, a la producción de “material biológico disponible”,  es algo totalmente inadmisible desde el punto de vista humano elemental; así como, tampoco es aceptable la manipulación de embriones humanos en vientres de animales, ni la fecundación entre gametos humanos y de animales, ni la manipulación del “código genético” produciendo selección en la raza humana. La experimentación sólo es lícita si se hace con fines terapéuticos para salvar la vida o mejorar la salud  y cuando el pronóstico de éxito sea  superior al peligro de muerte. Cuando se dificulta el discernimiento entre lo lícito – bueno – y lo ilícito – malo -, respecto a los avances médicos y científicos, debemos ponernos una medida y cuestionarnos sobre la validez ética, sobre el efecto que causará en el futuro a las siguientes generaciones y si ello servirá para mejorar la evolución integral de la raza humana, ya que las acciones de hoy deberán ser válidas solamente si sus efectos futuros son válidos. ¿Cómo podemos hablar de libertad y de “derecho a elegir” entre la vida o  la muerte?   ¿Quiénes están tomando las decisiones vitales sobre el devenir de la raza humana: la familia, ingeniería genética, manipulación genética, madres sustitutas, clonación, inseminación artificial, bancos de semen y otros “adelantos científicos”? Debemos luchar por el verdadero desarrollo socio-económico basándonos en la justicia y en el respeto por los derechos humanos, pero debemos hacerlo cuestionándonos sobre la responsabilidad que tenemos, debemos comenzar haciéndonos ciertas preguntas que definitivamente no están de moda: ¿Quién tiene la autoridad para decidir sobre la vida de un ser humano aun no nacido, o, sobre el término de la vida de un enfermo, de un anciano? ¿Qué entendemos por desarrollo? ¿Para la ciencia, el fin justifica los medios, quién le pone los límites? El desarrollo implica la evolución querida por Dios siempre y cuando se respeten las limitaciones que atentan contra el mismo hombre, la nueva tecnología no debe ser orientada y conducida hacia un desarrollo que busque un progreso selectivo hacia los más “fuertes” o raza perfecta. Esta ideología selectiva no es compatible ni con los derechos humanos, ni con la moral natural  o cristiana.

La dignidad del hombre –raza humana- se encuentra y reside en haber sido creados a imagen y semejanza de Dios  (Gn 1, 26) y esta verdad no es negociable. Tenemos entre las manos la perniciosa  “Ética de la situación”, sancionada por la Instrucción del Santo Oficio, el 2 de febrero de 1956 (Dz. 3918-3921), de la cual me permito citar un pequeño extracto: “Contra la doctrina moral y su aplicación según la tradición de la Iglesia Católica, ha comenzado a esparcirse un sistema ético llamado ordinariamente “Ética de la situación”. Los autores que la siguen afirman que la última norma del obrar no es el orden objetivo recto determinado por la ley natural y conocido con certeza a partir de ella, sino un juicio y luz íntimos de la razón de cada individuo, en virtud del cual a cada hombre, puesto en una situación concreta, se le da a conocer lo que debe hacer. […] Admitidos y aplicados al caso tales principios, dicen que, juzgando los hombres, no principalmente por leyes objetivas sino con esa luz interna individual y según su intuición personal lo que hayan de hacer en una situación dada, se evitan o al menos se liberan fácilmente de conflictos éticos, de otra suerte insolubles.  […] Muchas de las cosas que se asientan en tal sistema de “Ética de situación”, van en contra de la verdad y los dictados de la recta razón, y llevan la marca del relativismo y  modernismo, y se desvían, con mucho, de la tradicional doctrina católica”. Junto a estas características deshacen toda ley fija, natural o positiva, divina o humana, creando este nuevo género de ser del hombre ¿animales pensantes?.