¿Un 'twitt' para mi 'difuntito'?

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No sé a ustedes, queridos lectores, pero a mí me impacta que –en forma notable- en las librerías se les dedique anaqueles y espacios cada vez más amplios a libros de esoterismo, ciencias ocultas, tarot, zodíaco, magia negra, brujería, etc.
 
Incluso, cierto día me encontré en un elegante restaurant-librería de la colonia Polanco, una bien decorada habitación dedicada exclusivamente a este tipo de libros. De igual forma, se ofrecían libros con filosofías orientales, de meditación, de técnicas de relajación, de yoga….De inmediato pensé en que esa literatura de consumo tendría una importante demanda; de lo contrario, no se presentaría en forma tan exclusiva y para personas con un alto poder adquisitivo.
 
¿Es sólo una moda? ¿Una postura ‘snobista’ y pasajera? Lo cierto es que se adivina una verdadera sed de cierto tipo de gente por encontrar un sentido trascendente en su existencia. La lógica y su mismo sentido común les lleva a concluir que la vida humana no termina con la muerte, la funeraria y el panteón y buscan mil caminos y senderos –muchas veces tortuosos- para descubrir a Quien es “el Camino, la Verdad y la Vida”.
 
Otras veces se descubre una importante falta de información y formación que proporciona abundantemente nuestra misma religión Católica, o se tiende a olvidar por superficialidad, y numerosas personas caen fácilmente en errores prácticos.
 
“¿Cómo comunicarme con ‘mi difuntitito’”? –como se dice coloquialmente. ¿Mediante un ‘medium’ en una sesión espiritista? ¿con la lectura de un libro esotérico? ¿O, dentro de la modernidad cibernética, a través del Twitter?
 
Ya hablando en serio, en primer lugar, se recomienda estar en estado de gracia o amistad con Dios. ¿Cómo? Habiendo recibido el Sacramento de la Confesión y la Eucaristía. Es el Espíritu Santo quien habita en el alma y tenemos un ‘hilo directo’ de comunicación con el Señor.
 
En segundo lugar, el lugar por excelencia para pedir por los fieles difuntos es a través de la Santa Misa. ¿Por qué? Porque en el Sacrificio del Calvario es el mismo Cristo quien vuelve a entregar su vida por nosotros, los seres humanos de todos los tiempos, lugares y épocas, y volvemos a recibir el perdón eterno por nuestras faltas y pecados.
 
Si nos unimos al Sacerdote -que es Otro Cristo particularmente cuando celebra la Misa-  y en el momento de pedir por los que ya murieron, encomendamos a nuestros seres queridos, sin duda, es el modo más eficaz –sobrenaturalmente hablando- de ayudar a que ellos alcancen el Cielo.
 
En tercer lugar, se encuentra el Santo Rosario. La Virgen María es Madre de Cristo y de todas las mujeres y los hombres. No hay cosa que más desee que nuestra felicidad en esta vida y en la Gloria Celestial. Así lo ha prometido a quienes usen el Escapulario del Carmen (fue uno de los mensajes que recibió San Simón Stock). De igual forma, alcanzarán el perdón y la salvación –bajo las condiciones que establece la Iglesia- quienes recen el Rosario como lo prometió a los videntes de  Fátima (Portugal) y Lourdes (Francia).
 
En cuarto lugar, lo  ocupan las Indulgencias Plenarias o Parciales. ¿Qué son? “La Indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por  los pecados ya perdonados” (Catecismo, 1471) ¿Qué requisitos se necesitan para recibirlas? 1) tener la intención de ganarlas; 2) estar en gracia o amistad con Dios; 3) Confesión sacramental; 4) Comunión eucarística; 5) Detestar todo pecado; 6) Pedir por las intenciones del Papa.
 
Una persona que muera inmediatamente después de recibir una Indulgencia Plenaria es muy probable que vaya directo al Cielo, a gozar de la Presencia de Dios.
 
También Dios, en su Infinita Misericordia, ha querido que esas Indulgencias las apliquemos  por nuestros seres queridos ya difuntos, bajo las condiciones mencionadas.
 
¿Qué otros caminos tenemos los católicos para pedir por los fieles difuntos? Las privaciones voluntarias de tipo corporal, como por ejemplo, no tomar una determinada comida, bebida, dulce o antojo y ofrecerlo por la persona a quien queremos ayudar espiritualmente.
 
No menos importante es la oración. No sólo durante este mes de noviembre sino a lo largo del año. Rezar con constancia –y no de vez en cuando- es lo que más agradecen las ánimas del Purgatorio.
 
¿Y ellas que hacen en correspondencia? Rezar también por nosotros permanentemente ante Dios. Los grandes santos atestiguan que los fieles difuntos son muy agradecidos con todos aquellos que piden por ellos o que les han ayudado a alcanzar la Felicidad Eterna y tener el ansiado encuentro con su Padre Dios.
 
En conclusión, realmente sí nos podemos comunicar de modo eficaz con nuestros difuntos, pero no con el esoterismo o las ciencias ocultas, sino por los conductos establecidos por el mismo Dios: mediante la Santa Misa, el Rosario, las Indulgencias, las Privaciones Voluntarias o actos de Penitencia, la oración, las limosnas, las buenas obras…¡Es mucho lo que podemos hacer por ellos!