Una antigua leyenda. Encontremos el ‘Elixir de la vida’.

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1) Para saber

En este tiempo pascual la Iglesia nos invita a alegrarnos con la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, ya que no sólo ha vencido a la muerte, sino que, además, nos ha hecho capaces de recibir esa nueva vida sobre la cual la muerte no tiene dominio, es decir, nos ha traído la vida de la gracia.

2) Para pensar

Nos dice el Papa Benedicto XVI que hay una antigua leyenda judía que cuenta cómo Adán sufrió una enfermedad muy grave y mandó a su hijo Set, junto con Eva, a la región del Paraíso para que trajeran el aceite de la misericordia, de modo que le ungiesen con él y sanara. Fueron pues en busca del árbol de la vida, pero se les apareció el arcángel Miguel para decirles que no conseguirían el óleo del árbol de la misericordia, y que Adán tendría que morir.

Sin embargo, algunos lectores cristianos le añadieron a esta leyenda un final esperanzador, donde el arcángel además les comunicaría que, después de 5.500 años, vendría el Rey bondadoso, Cristo, el Hijo de Dios, y ungiría con el óleo de su misericordia a todos los que creyeran en él. El arcángel terminaba por decirle al hijo de Adán: "El óleo de la misericordia se dará a cuantos renaciesen por el agua y el Espíritu Santo. Entonces, el Hijo de Dios, rico en amor, Cristo, descenderá en las profundidades de la tierra y llevará a tu padre al Paraíso, junto al árbol de la misericordia".

Comenta el Papa que en esta leyenda puede verse toda la aflicción del hombre ante el destino de enfermedad, dolor y muerte que se le ha impuesto. Se pone en evidencia la resistencia que el hombre opone a la muerte. Por ello han pensado repetidamente los hombres que en alguna parte deberá haber una hierba medicinal contra la muerte. Piensan que debería existir el ‘elixir de la vida’, una medicina que venciera a la muerte, una medicina de la inmortalidad. Y lo sorprendente es que sí existe.

3) Para vivir

El Papa nos invita a reflexionar, diciéndonos que si realmente se lograra retrasar la muerte indefinidamente y se alcanzara una edad de varios cientos de años, la humanidad envejecería de manera extraordinaria, y ya no habría espacio para la juventud. Se apagaría la capacidad de innovación y sería más bien una condena.

Por ello, la verdadera hierba medicinal contra la muerte, más que prolongar indefinidamente esta vida actual, debería más bien transformarla desde dentro. Debería crear en nosotros una vida nueva y plena, capaz de eternidad. Pues bien esta medicina sí existe, ese es el nuevo y emocionante mensaje cristiano.

Este ‘elixir de la vida’ es accesible. Esta medicina se nos da en el Bautismo en que obtenemos una vida nueva, la vida de la gracia que no es truncada con la muerte.

Lo que ocurre en el Bautismo es el comienzo de un camino que nos hace capaces de eternidad, de manera que con el vestido de luz de Cristo podamos comparecer en presencia de Dios y vivir por siempre con él.

Termina el Papa su mensaje de la Vigilia Pascual afirmando que la hierba medicinal es Cristo, quien es el árbol de la vida. Si nos atenemos a Él, entonces estamos en la vida. Es la razón de que en este tiempo se canta el aleluya, que es un canto de alegría. Por eso, Pablo nos invita: "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres" (Flp 4,4). El Señor resucitado nos da la alegría: la verdadera vida.