Una carta desde Japón. La lección de un pueblo

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Junto al el desastre ocurrido con el sismo en Japón no han faltado actitudes positivas que nos dan una lección. Un ejemplo es la siguiente carta que escribe una joven desde Japón.

Hola mi querida familia y amigos. Primero quiero agradecer su preocupación por mí. Estoy conmovida… Pero estoy bendecida por tener maravillosos amigos que me están ayudando mucho. Mi choza ni siquiera merece llamarse así, por lo que me estoy quedando en el hogar de unos amigos. Compartimos los abastecimientos como el agua, el alimento y el combustible para el calentador. Dormimos alineados en un solo cuarto, comemos a la luz de la vela, compartimos historias. Es cálido, amistoso y hermoso. Durante el día nos ayudamos unos a los otros a limpiar nuestros hogares. La gente se sienta en sus autos, observando las noticias en las pantallas de navegación o hacen fila para obtener agua potable cuando la fuente está abierta. Si alguien tiene abastecimiento de agua en su aguar, colocan un letrero para que la gente pueda llenar sus jarras y cubetas.
Es impresionante, donde estoy no ha habido robos, ni filas aglomeradas. La gente deja la puerta delantera abierta, pues es más seguro cuando ocurre un terremoto. La gente continúa diciendo: “así era hace años cuando todo mundo se ayudaba uno al otro”. Los temblores siguen ocurriendo. Anoche ocurrieron cada 15 minutos… Tuvimos agua por algunas horas en nuestros hogares anoche… La electricidad retornó esta tarde, el gas aún no… Nadie se ha bañado en varios días. Nos sentimos medio sucios, pero hay preocupaciones más importantes para todos ahora. Amo esta sensación de estarme desprendiendo de las cosas que no son esenciales. Estoy viviendo en pleno a nivel de instinto y de intuición, de cuidado, de lo que es necesario para sobrevivir. No solo para mí, sino para el grupo entero…
Otros gestos inesperados con belleza al principio, es el silencio de la noche y no hay automóviles, ni uno solo en las calles. Los cielos por la noche están salpicados de estrellas. Normalmente solo puedo ver dos, pero ahora el cielo entero está plagado. Las montañas están firmes con aire gélido aquí en Sendai y podemos ver sus siluetas contra el magnífico cielo. Los japoneses son increíbles. Retorno a mi choza-guarida para revisarla cada día y para enviar algunos email (si hay electricidad) y encuentro alimento y agua dejados en la entrada. No tengo ni idea quién los deja, pero ahí están.
Ancianos con sombreros verdes van de puerta en puerta, verificando que todos se encuentren bien. La gente habla con extraños preguntándoles si necesitan ayuda. No veo ningún signo de miedo. Si de resignación, pero de miedo o pánico, no. Nos dicen que podemos esperar temblores posteriores e incluso otros mayores… Me siento bendecida pues en la parte de Sendai donde vivo, está un poco elevada y un poco más sólida que en otras… Anoche el esposo de mi amiga llegó del campo, nos trajo alimento y agua. Bendecida de nuevo… De alguna forma al experimentar los eventos que están ocurriendo ahora en Japón, puedo sentir mi corazón abriéndose muy ampliamente. Mi hermano me preguntó si me sentía mínima o achicada por todo lo que ocurre. No lo estoy, al contrario, me siento parte de algo mucho mayor que yo que está sucediendo. Esta ola de nacimiento (global) es difícil pero magnífica. De nuevo gracias por su cariño y amor por mí, Con amor hacia todos, Anne.