Una educadora excelente

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Una educadora excelente

Es sorprendente el hecho de que María y José dejaban a Jesús viajar a Jerusalén en el grupo que deseaba, sea el de los hombres, sea el de las mujeres. Se nota que tenían mucha confianza en Él a pesar de que sólo tenía 12 años. Era tanta su confianza que ni siquiera se dieron cuenta de su ausencia hasta que llevaban un día de viaje de regreso después de la visita al Templo.

Al encontrarlo entre los doctores, escuchándoles y haciéndoles preguntas, ella no se dejó impresionar por su sabiduría, pues ya la conocía. Le preguntó serenamente el por qué se había comportado así y después de no entender su respuesta siguió meditándola en su corazón. Después dice san Lucas que Él "bajó con ellos a Nazaret y les fue sujeto”. No hay que entender aquí que tuvo una conversión y que decidió comportarse mejor, sino el hecho de que siempre fue una persona sumisa a sus superiores, sean María y José, sea su propio Padre Celestial.

A todo el mundo le impresiona la madurez humana de Jesús. Él de verdad es el "imperio de la armonía”. Mucho de esto se lo debe a su Madre. Es un hombre de una sola pieza. Dijo alguno que la personalidad de Cristo fue como su túnica, tejida de una sola pieza. En Él no hay divisiones. Es una réplica de su Madre, aunque sería mejor decir que ella, con su colaboración, con la gracia de Dios, llegó a ser una réplica de su Hijo.

No hay duda de que cuando se encuentra madurez humana en unos padres de familia, la transmiten automáticamente a sus hijos. Desgraciadamente muchos padres dicen a sus hijos: “Vete a Misa a acompañar a tu mama", pero ellos no pisan nunca la iglesia; otros dicen: ´“Hijo, no veas esa película", pero cuando el hijo se retira a hacer su tarea, los mismos papás siguen viéndola. ¡Qué incoherencia!

Podemos aprender de estas consideraciones, sobre la eficacia educadora de María, que hay que educar más con el ejemplo que con la palabra o con la vara.

Fuente: autorescatolicos.org