Una historia de Navidad. Descubrir a Cristo en los necesitados

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

Una historia de Navidad

Descubrir a Cristo en los necesitados

1) Para saber

En ocasiones pensamos que nuestros problemas son los más grandes del mundo. Algo parecido le sucedió a un muchacho llamado Francisco, hasta que le sucedió un encuentro inesperado. Frank, así le llamaban, siempre había sido un buen estudiante y deportista. Le gustaba el básquetbol y sabía jugarlo. Se había preparado mucho para jugar con la selección. Incluso había comprado unos tenis muy suaves y cómodos para jugar. Por eso le produjo un gran dolor cuando al leer la lista de los seleccionados no se encontró en ella. Ese día sintió como si hubiera dejado de existir, como si se hubiese vuelto invisible. Muy triste caminó un buen rato, pero nada lo consolaba. Duró varios días de mal humor, no queriendo hablar con nadie y respondiendo mal a sus padres cuando intentaban acercársele. Nada le agradaba.

Un día de mucho frío y lluvia, tomó un autobús. En eso, una mujer muy adelantada en su embarazo subió al camión. Entonces el chofer le preguntó en voz alta: “¿Dónde están sus zapatos, señora? Porque afuera habrá menos de diez grados”. Francisco se fijó entonces que la señora iba sólo con unas calcetas mojadas. La señora le contestó: “No puedo darme el lujo de tener zapatos. Subí sólo para calentarme los pies. Tengo ocho hijos. Todos tienen zapatos. No quedó dinero para mí. Pero está bien, el Señor cuidará de mí”.

En ese momento Frank miró sus nuevos tenis Nike de Básquetbol. Sus pies estaban cálidos y cómodos, igual que siempre. Entonces miró a la mujer con sus calcetas mojadas. Pensó que esa persona era “invisible” en otro sentido, pues era marginada y olvidada por la sociedad. Él siempre podría de tener zapatos, pero ella tal vez nunca. Aunque tendría que caminar sobre mojado, se quitó los tenis, se acercó a la mujer y se los entregó diciéndole: “Tenga señora, usted los necesita más que yo”. No esperó a que le diera las gracias, sino que bajó de prisa. En eso escuchó a la señora que desde la ventana del autobús le decía: “Mira, ¡me quedan perfectos!”. El chofer, que conocía al muchacho, le dijo: “Muy bien, Frank. En mis veinte años de chofer nunca he visto algo semejante”. La mujer, llorando, le decía al chofer: “Ya ve. Le dije que el Señor cuidaría de mí”. Y volviéndose, dijo: “Gracias Frank”. “No hay de qué, además es Navidad”, respondió Frank, quien se dirigió a su casa con los pies helados pero con el corazón contento y riéndose por haberse preocupado de no jugar con la selección ese año.

2) Para pensar

A veces hace falta mirar más a nuestro alrededor, para descubrir que los demás están más necesitados que uno, y saber encontrar el rostro de Cristo en ellos, recordando las palabras de Jesús: “Porque estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron” (cfr. Mt 25, 36).

A la Iglesia le interesan todas las personas, pero siente una predilección por los más pobres, pues hay en ellos una presencia especial del Señor. Pensemos si estamos, como Iglesia que somos, atendiéndolas.

3) Para vivir

Estos días navideños, han de estar impregnados de espíritu cristiano. Una manera concreta de vivirlo puede ser atender a los demás: visitando a alguna persona necesitada, enferma o sola y hacerle pasar un momento agradable.