Una vida ejemplar. ¿Quién es el padre Damián?

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1) Para saber

El próximo mes de octubre, el día once, será canonizado en la plaza de San Pedro por el Papa Benedicto XVI el padre Damián.

Más de 300 libros se han escrito inspirados en su vida. Así como también se han filmado varias películas para dar a conocer las obras de este santo. Entre ellas, la más reciente se llama "Molokai", que se refiere a la isla donde vivió y murió este santo.

Damián de Veuster fue un sacerdote religioso belga que nació en el año de 1840 y murió en el 1889.

A los 33 años, este valiente sacerdote, viajó a la isla de de Molokai, ubicada en el archipiélago de Hawai, que en esa época era conocido como las islas Sandwich, en ese momento era un reinado independiente, no pertenecía a Estados Unidos. Había sido destinada por el gobierno como lugar de reclusión de los leprosos para evitar que se propagara el contagio de esta enfermedad.

En el olvido y sin mínimas condiciones de desarrollo, morían los leprosos con una muy pobre atención médica. El futuro santo permaneció allí por 16 años hasta el momento de su muerte.

2) Para pensar

Hace poco la agencia informativa Zenit entrevistó al postulador de la causa de canonización del padre Damián, al padre Alfred Bell, S.S.C.C.

El padre Bell explicaba que ante los ojos del mundo el padre Damián era el pastor de la grey más espantosa, pues eran solo leprosos, enfermos, mal olientes, devorados por las llagas, separados de su familia". Pero no era así visto con los ojos de la fe.

"Fue religioso, misionero y sacerdote. Estas tres características pienso que se deben ver unidas", añade el padre Bell.

Por las inmensas necesidades de aquel lugar su trabajo se realizaba entre actividades pastorales, consejería espiritual, administración de sacramentos. Pero eran tan pocas las manos disponibles allí que también hacía las veces de albañil y fontanero, entre otros trabajos pesados.

El padre Damián quiso hacer de la isla Molokai un lugar más digno, más alegre. Para ello creó un coro y una banda de música. "Gracias a su quehacer cambió las circunstancias de vida e hizo el mundo más feliz", asegura el padre Bell.

Damián fue muy conocido ya durante su estadía en Molokai, admirado y atacado al mismo tiempo. Muchos fueron a visitarle, médicos, escritores, pintores. En 1881 le visitó la princesa Liliukalani con altas personalidades. Otros publicaron artículos en periódicos.

Damián no tomaba precauciones para evitar el contagio con la lepra y visitaba a todos los enfermos. En 1885 comprobó que había contraído esta enfermedad al sumergir los pies en una batea de agua hirviendo y no sentir nada.

Para evitar el contagio con las personas sanas, el sacerdote no podía salir de la isla. Experimentó así el dolor físico y también la soledad y el abandono que sintieron sus leprosos, pues tampoco lo visitaban para administrarle la confesión o tener al menos el consuelo de los hermanos de su comunidad.

No obstante, los últimos días de su vida fueron más llevaderos espiritualmente. Contó con la ayuda de seis misioneras franciscanas que viajaron desde Honolulu así como con el sacramento de la confesión del padre Wendelino, un hermano sacerdote que fue a socorrerlo en sus últimos días. 

Y fue en Molokai donde el padre Damián falleció el 15 de abril de 1889. 

"Una presencia en medio de los arrojados fuera de este mundo, necesariamente tenía que interpelar las conciencias. No habían pasado dos meses desde la muerte de Damián, cuando se funda en Londres la primera organización de la lucha contra la lepra", asegura el padre Bell.

3) Para vivir

La vida del padre Damián convence a mucha gente. Su testimonio tiene mucho que decir en estos tiempos. Hoy también hay muchos marginados: “enfermos incurables (de sida y tantas otras enfermedades), niños abandonados, jóvenes desorientados, mujeres explotadas, ancianos desatendidos, minorías oprimidas. Para todos Damián sigue siendo la voz que recuerda que el amor infinito de Dios está hecho de compasión, confianza y esperanza", asegura el padre Bell.

El padre Damián es un ejemplo para quien desea comprometerse en la lucha por un mundo más justo, más conforme con el corazón de Dios, y así nos muestra una razón para vivir, dice su postulador.

Esa ayuda podemos darla también cada día, si estamos atentos a las necesidades de quienes nos rodean.