La unidad de las familias

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Año de la Eucaristía

La unidad de las familias

“La Familia, Camino de la Iglesia”

1) Para saber

La Iglesia es consciente del gran valor que tiene la familia y cómo ahí la Iglesia vive, pues cada bautizado es Iglesia. Por ello es necesario cuidarla y mantenerla.

Un relato de un escritor llamado Antonio Trueba, de principios del siglo XX, nos muestra de modo cómico una de las características esenciales del matrimonio: su indisolubilidad. A ese relato se hace referencia con la siguiente narración:

Se cuenta que se presentó ante el párroco una vecina, la cual llevaba en su mano un gran palo, y aseguraba que con él le había pegado su marido. Pero que era la última vez, pues venía a que la “descasara”. El párroco un tanto sorprendido le preguntó: “¿Qué dices? ¿Descasarte? Pero, y tu marido, ¿también está de acuerdo?”. La mujer le dijo: “Claro que sí. Es más, en un momento viene para pedirle lo mismo”. Y en efecto, poco después aparecía también un señor que mostraba que había sido golpeado. El sacerdote le preguntó: “¿Y esos golpes?”. El hombre solo miró a su esposa. El cura comprendió y le preguntó: “¿Así que quieres también descasarte?”. El hombre le dijo: “Sí, creemos que es lo mejor”. El cura entonces les dijo: “Bueno, yo solo sé una forma para descasarlos, así que arrodíllense que los voy a descasar. Pero que conste que ustedes lo pidieron”. La pareja de casados se arrodilló frente al cura. Entonces el párroco tomó el gran palo que había traído la señora y comenzó a descargar fuertes golpes sobre las espaldas del matrimonio. Ellos empezaron a gritar: “¡Basta!, ¡basta de golpes! ¡Deje de pegarnos!”. El cura dejó de golpearlos y les preguntó: “¿Pero no me habían pedido que los descasara?”. “Sí ―dijeron ellos―, ¡pero no de esta forma tan violenta y dolorosa!”. Entonces el cura concluyó: “Es que no hay otra forma de descasar a los cristianos. ¿Acaso no saben que el matrimonio no puede deshacerse sino con la muerte de uno de los contrayentes? ¿No recuerdan la promesa que se hicieron el día de su casamiento cuando se prometieron estar unidos «Hasta que la muerte nos separe»? Así que si tratan de descasarse, ha de ser de esa forma, moliéndolos a garrotazo limpio, hasta que uno de los dos muera. Mejor reconcíliense y vuelvan a intentar vivir en paz”. La lección dio resultado, pues el matrimonio, recordando los golpes, la pensaba dos veces antes que pensar en descasarse.

La indisolubilidad del matrimonio, es decir, la imposibilidad de separar lo que Dios ya ha unido, es una enseñanza que el Papa Juan Pablo II ha defendido durante su pontificado.

2) Para pensar

El Papa Juan Pablo II que cuando lo visitaron las familias, ellas se comprometieron a difundir la luz de Cristo en una cultura que corre el peligro de perder, de modo cada vez más preocupante, el sentido mismo del matrimonio y de la institución familiar (Cfr. “Al comenzar el nuevo milenio”, n. 10).

En efecto, la familia corre graves peligros. Por ejemplo, se atenta contra su unidad al propagarse los divorcios. Un reto que tenemos para el tercer milenio es defenderla y mostrar a la sociedad su valor.

El Papa les hablaba así a las familias: “Creed en su vocación, en esa hermosa vocación al matrimonio y a la paternidad que Dios les ha dado. Creed que Dios está con ustedes… No piensen que hay algo que puedan hacer en sus vidas que sea más importante que ser un padre o una madre verdaderamente cristianos. El futuro de la Iglesia, el futuro de la humanidad depende en gran parte de los padres y de la vida familiar que construyan en sus hogares”(Alocución, 1-X-1979).

3) Para vivir

El Papa nos invita a no quedarnos callados cuando veamos que la familia es atacada. Seguramente a nuestro alrededor se presentaran diversas situaciones en donde habrá que dar buenos consejos, habrá que dar luz. No temamos, pues, hablar claro al respecto: “Cuando la institución del matrimonio esté abandonada al egoísmo o reducida a un acuerdo temporal y condicional que se puede rescindir fácilmente, nosotros reaccionaremos afirmando la indisolubilidad del vínculo matrimonial” (Juan Pablo II en Estados Unidos, 7-X-1979).