Usa las cosas con toda libertad

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Usa las cosas con toda libertad

“Es desconcertante y avasallador -casi supera nuestra capacidad de sorpresa- contemplar a Dios hecho Niño, acompañado de María y de José, rodeado de unos animales y metido en una cueva excavada en la montaña, en una noche fría de invierno. El que hizo el universo, el que abrió los labios y fue obedecido en todo, el que dio a los demás la existencia, el que pudo escoger su forma de nacimiento, ahí está pobre, rodeado de pobreza, gozoso en la pobreza de sus padres.”

En este tema de la pobreza descubrimos una vez más el gran equilibrio de Jesucristo. Él usa las cosas, pero nunca se hace esclavo de ninguna de ellas. Como carpintero en Nazaret tenía que usar muchas cosas para poder ejercer su profesión, pero al comenzar su misión Él afirmó que no tenía lugar ni donde reclinar la cabeza. Él vivía de la caridad de las personas, pero cuando fue necesario hacer un milagro de abundancia lo hizo como fue el caso de la multiplicación de los panes y los peces, en una montaña en Galilea, y la conversión del agua en vino en la ciudad de Caná. Parece ser que solía caminar de un lugar a otro, pero cuando quiso usar un burrito para entrar triunfalmente en Jerusalén, no tuvo ningún reparo en pedir prestado uno.

Una semana antes de morir estuvo hospedado en una casa en Betania, cerca de Jerusalén. En la cena una señora entró allí y ungió los pies de Jesús con un ungüento muy costoso. Judas Iscariote, el traidor, quedó escandalizado y dijo que era un despilfarro y que se debía venderlo y dar el dinero a los pobres. Pero Cristo respondió que siempre íbamos a “tener pobres entre nosotros, pero a Él no siempre íbamos a tenerlo.”

Cristo nos enseña a usar las cosas con libertad. Esto significa que no debemos tener nuestro corazón atado a nada. En este mundo moderno donde existe mucho consumismo, Cristo nos da un criterio muy claro y cierto para usar las cosas: debemos usarlas, pero sin encadenar nuestro corazón con ellas.

Para Cristo ser pobre es ante todo no apegar el corazón a nada.

“Dios ama la pobreza y escogió la pobreza para su Hijo. Dios ama la pobreza y escoge la pobreza para nosotros como instrumento de salvación personal y de eficacia apostólica, porque la pobreza mantiene el alma abierta hacia Dios y hacia los hombres, porque la pobreza alimenta la esperanza, porque la pobreza es madre de la justicia y de la misericordia, porque la pobreza desarrolla el amor en la generosidad, porque la pobreza engendra serenidad y alegría espiritual, como pre anuncio del gozo eterno.”

Todos somos testigos de la gran corrupción que existe en muchas partes del mundo. En la raíz de la corrupción muchas veces está la pasión desordenada a poseer. El hombre quiere tener cada vez más para poder aparecer cada vez más, para poder dominar a su prójimo cada vez más. No hay duda de que la avaricia cierra el corazón del hombre, no sólo a Dios, sino también al prójimo. Para muchas personas el dinero es su ídolo preferido.

¿Cómo podemos ayudar al hombre a usar las cosas con un corazón libre? Cristo responde a esta pregunta diciendo que se debe usarlas como medio para realizar nuestra misión sobre la tierra.

Según la doctrina social de la Iglesia la propiedad privada (sea en especie o en metálico) tiene una función social. Se debe usar el capital para fomentar el verdadero desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre. El invertir dinero en la cultura, en la educación de las personas, en el desarrollo socioeconómico de los pueblos... es evidentemente bueno. Lo que sí es inmoral es gastar sumas fabulosas en cosas superfluas, en la propia belleza corporal, en el vestido, en armamentos...

Una de las plagas de nuestra sociedad es el consumismo. Éste lleva al hombre a desear poseer más y más dinero para poder comprar cada vez más cosas, que aumentan su calidad de vida, entendida como mayor comodidad, diversiones, etc. La manera de vivir de Jesús fue diametralmente opuesta a la tendencia del hombre moderno de buscar lo más fácil y cómodo siempre.

Como cristianos debemos compartir las cosas con los demás. Esto es todavía más urgente cuando a nuestro lado hay muchos hermanos nuestros que pasan grave necesidad. Según la mente de Cristo el compartir las cosas con los demás no nace de un privilegio de algunas personas, sino del derecho de los demás a ser tratados con solidaridad. Es significativo que Cristo, en su descripción del juicio final, puso como criterio de salvación o condenación el compartir los propios bienes con los demás: “Tuve hambre y me diste de comer...”