El valor del bienestar económico

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El valor del bienestar económico

Continuando el artículo pasado sobre los valores de los mexicanos en el ámbito familiar, el segundo lugar en estos valores lo ocupa el bienestar económico, el progreso económico.

Esto se ve de muchos modos. Por ejemplo, al hablar de ganar dinero, el motivo más frecuentemente mencionado por las encuestas, es poder mejorar el nivel de bienestar para la familia. Este bienestar, se sobreentiende, es económico. No se piensa en un bienestar psicológico, social ni mucho menos espiritual. Al restringir el concepto de bienestar a lo físico y lo económico, sin duda se empobrece el concepto.

Podría alguno decir: “Es que eso no es un valor, eso es materialismo”. Efectivamente, podría verse así, pero es muy difícil pensar que el bienestar económico y, dicho más crudamente: el dinero, no sean valores. La lógica nos dice que no son ni buenos ni malos, pero si son preferidos sobre otros bienes, ahí sí puede haber bondad o maldad. El punto está más bien en si este valor lo ubicamos en el lugar correcto. Pero, por supuesto, en la familia se debe buscar la prosperidad, el bienestar, el desahogo económico. Esto no solo es lícito; es muy bueno. Lo que podría discutirse es: cuál es  el lugar adecuado de este valor en esta jerarquía.

En este caso, es sumamente preocupante que el bienestar material y el progreso económico estén, en la jerarquía de valores de los mexicanos, por encima de los valores de solidaridad, amor y seguridad que, según las investigaciones en que he participado, ocupan los siguientes lugares.

Pero aún más preocupante es que, de acuerdo con expertos en este tema, el bienestar económico sigue creciendo en importancia en la jerarquía de los valores de los mexicanos mientras que el valor de la unidad pierde importancia; a la larga, una década o tal vez menos, el dinero será más importante que el valor de unidad en la familia.

Dos aspectos importantes. El primero: esto ya está ocurriendo en muchas familias. Muchos dejan solos al cónyuge y los hijos (y a veces a los hijos en manos de familiares, porque la pareja sale de la familia) para buscar dinero. La migración externa e interna, el trabajo fuera de la localidad, generalmente tienen una lógica: “Sí, no nos veremos por mucho tiempo, pero es para mejorar, así tendremos más dinero”.

Y esto ocurre probablemente en todas las clases sociales, no solo  los campesinos empobrecidos; también entre profesionales con buen ingreso se da esta opción del bienestar por encima de la unidad. Y no se diga con respecto a otros valores. La solidaridad entre miembros de la familia se da siempre, pero mucho menos en los aspectos que signifiquen desembolso. Hasta en el amor; ¡Cuántas familias viven una unidad formal, pero hay grandes divisiones  internas por asuntos de dinero, por inequidades o injusticias reales o imaginadas en los repartos de bienes o de herencias!

El segundo aspecto: Podríamos caer en un prejuicio si pensáramos que esto ocurre solo porque el dinero es escaso y, por lo tanto, solo en las familias con privaciones económicas, se le daría importancia a este valor, precisamente por su carencia. No es así; hay consenso en que existe una relación directa: a mejor situación económica, más valor se da al bienestar económico y más fácilmente se sacrificarían otros valores por razones económicas. En grupos focales con personas de diversos niveles económicos, consistentemente los grupos más solventes le daban mayor jerarquía al dinero que a los demás valores. Claro, como en todo, hay muy meritorias y claras excepciones, pero no dejan de ser eso, excepciones.

¿Qué hacer? ¿Despreciar el dinero y despreocuparnos del bienestar de la familia, para dedicar más tiempo o atención a otros valores? No, por supuesto. Como en muchas cosas de esta vida, el equilibrio es fundamental. Y eso es lo que hay que buscar; una armonía de los valores, un equilibrio entre ellos que permitan vivir una vida plenamente, integralmente humana.