¿Valoramos la mansedumbre? El valor del ejemplo de una campesina

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1) Para saber

La mansedumbre es una virtud que a veces no es muy bien vista, pues se piensa que conlleva cierta debilidad. Hoy en día, en cambio, se alaba y premia la fuerza física. Tal vez no se ha considerado que se requiere más fuerza para dominarse a uno mismo que a los demás. Por ejemplo, en un enojo, o en un momento de ira es más fácil perder el control y responder mal o gritar, que mantener la calma y callar si es preciso.

Algo muy valioso tendrá está virtud que el Señor la incluye en las Bienaventuranzas y nos invita a imitarlo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 29).

2) Para pensar

Cuenta un cardenal francés llamado Journet que una mujer campesina francesa, mayor de edad, dio hospedaje a un joven chino. Este joven era ateo, tenía ideas comunistas, y trataba de convencer a la mujer de que su fe ya era cosa del pasado. La buena mujer le daba de comer y lo atendía pero, no obstante, el joven procuraba con varios argumentos, y citando a pensadores de renombre, hacerle ver que Dios no existía y que debía abandonar esas ideas. Ella se limitaba a contestarle: “Mire, joven, seguramente usted es un hombre sabio que ha estudiado mucho. Pero yo sólo se una cosa y es que Jesús nos ha dicho que amemos a los demás como él nos amo”. El joven se desesperaba pero no dejaba su empeño por convencer a la mujer.

Cierto día unos fugitivos, también comunistas, que estaban huyendo del ejército nazi, le pidieron asilo por una noche a esta mujer. Ella accedió con mucho gusto y les dejó las habitaciones incluyendo su propio cuarto y se fue a dormir a un pasillo. Les dejó ropa limpia, toallas y una cena.

A la mañana siguiente el grupo de comunistas se fue silenciosamente llevándose todo. El joven chino estaba muy indignado y furioso por el robo de esos hombres. Pero estaba aún más sorprendido de la actitud de la mujer: comprobaba que no mostraba el menor síntoma de haberse disgustado. No lo comprendía. La mujer volvía a decirle que Jesús nos pedía amar y rezar incluso por nuestros enemigos o por quienes nos hacen un mal. Fue tal la impresión que recibió este hombre chino al ver la mansedumbre de la mujer que no solamente creyó en Dios y se convirtió al catolicismo, sino que llegó a recibir años más tarde la ordenación sacerdotal.

Los mejores argumentos que favorecieron la conversión del joven, fueron el ejemplo y mansedumbre que hicieron vida las palabras de Jesús.

3) Para vivir

Aunque es un buen deseo mantener la calma en situaciones difíciles, habremos experimentado lo difícil que es. Sin embargo no estamos solos para lograrlo, contamos con la ayuda de Dios para ello. Algunos recomiendan contar hasta diez antes de hablar airados. Seguramente será mejor solicitar la ayuda divina en esos momentos.

San Josemaría Escrivá nos da un consejo en su libro “Camino”: “No reprendas cuando sientes la indignación por la falta cometida. Espera al día siguiente, o más tiempo aún. Y después, tranquilo y purificada la intención, no dejes de reprender. Vas a conseguir más con una palabra afectuosa que con tres horas de pelea. Modera tu genio” (n. 10).

Esforcémonos, pues, por vivir la mansedumbre sabiendo que, además de los frutos que produce, tiene prometida la Bienaventuranza.