Victorias mexicanas ponen de relieve la tendencia mundial a favor de la vida

Los grupos pro-vida mexicanos estaban eufóricos cuando Veracruz enmendó su Constitución el mes pasado con el propósito de proteger la vida desde el momento de la concepción, uniéndose así a otros 16 estados mexicanos. La votación preparó el terreno para una posible reforma de la Constitución federal: según la Carta Magna mexicana, la aprobación por parte de las 32 legislaturas y de los dos tercios del Congreso bicameral es requisito previo para cualquier enmienda federal.

En México, los partidarios del aborto que el año pasado aclamaron una decisión limitada de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que confirmaba la ley de Ciudad de México no previeron semejante reacción popular a favor de la vida. La Suprema Corte entonces defirió a la legislatura y se rehusó a sostener que el aborto es un derecho constitucional.

La experiencia de México tampoco es única: concuerda con una serie de conquistas a favor de la vida durante el transcurso del año pasado en todo el mundo, que ha animado a los defensores de los niños por nacer. Estos triunfos debilitan el argumento de que se está gestando una norma mundial «consuetudinaria» en materia de aborto.

Ante todo, meses atrás tuvo lugar la exitosa reforma de la Constitución de la República Dominicana, la cual establece que «el derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte». La nación también hizo más estricta la protección de la vida intrauterina en el derecho penal.

Del mismo modo, el Parlamento de Timor Oriental rechazó la liberalización de la ley del aborto en junio, aprobando, en su lugar, una estricta ley que reconoce que la vida «desde el momento de la concepción» tiene derecho a ser protegida.

La legislatura hondureña aprobó una ley que prohíbe el uso de la «anticoncepción de emergencia», la pastilla «del día después» (que tiene un alto contenido de hormonas), ya que puede funcionar como abortivo al evitar la implantación.

La Corte Constitucional de Perú también determinó que la píldora del día después no debía ser distribuida en los centro de salud públicos, dado su posible efecto abortivo. Tanto la Constitución de Perú como la de Honduras protegen la vida de quienes están por nacer.

La inquietud acerca de un colapso demográfico llevó a Corea del Sur a dejar de pasar por alto las violaciones contra sus leyes de aborto. Además, durante la reunión de la Comisión de Población y Desarrollo de las Naciones Unidas, Japón y Rusia efectuaron enérgicas declaraciones a favor de la vida, las cuales reflejaron inquietudes similares.

Los proponentes del aborto sostienen desde hace mucho tiempo que la liberalización del aborto constituye una tendencia mundial imparable. Un artículo de Reed Boland y Laura Katzive publicado el año pasado, en el cual se afirma esa teoría, hoy parece necesitar una revisión. Los críticos sostienen que los argumentos de los autores, en primer lugar, son exagerados: si bien el artículo reconoce que Nicaragua y El Salvador aprobaron leyes en contra del aborto, no obstante minimiza las evidentes tendencias contrarias a la liberalización en países como Polonia y los Estados Unidos, donde la Corte Suprema ratificó la prohibición del aborto por nacimiento parcial.

Para no exagerar los hechos, a pesar de sentirse animados ante los progresos a nivel estatal, algunos mexicanos pro-vida advierten que el apoyo del Congreso puede no ser suficiente para lograr una reforma federal. Asimismo, señalan que la Corte Suprema aún debe pronunciarse sobre una impugnación en contra de la enmienda del estado de Baja California.

Otros comentaristas latinoamericanos advierten que los votantes uruguayos recientemente reemplazaron al presidente socialista pro-vida Tabaré Vázquez, quien desafió a su partido al vetar un proyecto de ley que liberalizaba el aborto, por otro socialista que carece del compromiso fundado con la vida en todas sus fases que caracterizó a Vázquez.

A fin de cuentas, sin embargo, la tendencia en pos de la protección de la vida fue marcada en el transcurso de este último año.

Traducción: Luciana María Palazzo de Castellano